Draco
Malfoy a sus cuarenta y tantos años, era aún un hombre atractivo e interesante,
y lo que llamaba más la atención era su pose aristócrata y su seriedad.
Pero
lo que nadie sabía era que Draco Malfoy se sentía solo, muy solo. Su esposa
Astoria Malfoy —antes Greengrass— había muerto hace seis años de una enfermedad
muggle. Y aunque él nunca la había amado como se merecía, trato de ser un buen
esposo con ella. Lástima que no pudo hacer nada por ella, cuando Astoria fue a
San Mungo le detectaron una enfermedad extraña para los magos, pero lo peor era
que esta enfermedad ya estaba en su fase final.
Y
Astoria partió sin poder luchar, dejando solo no solo a su esposo, sino también
a su hijo. Su adorado hijo, Scorpius, el fruto de su relación con el único
hombre al cual ella había amado.
Pero
antes de morir, ella le dijo unas cuantas palabras a su esposo.
—Draco, mi amado Draco… lamento no haber
podido ser esa mujer a la que tú amas, a la que siempre has amado —el rubio
quiso contradecirla, pero ella no lo dejo—, siempre
supe que amabas a… a Hermione Granger. No trates de negármelo —hizo una
pausa—, tal vez no tuviste el valor para
luchar por ella, pero ahora te pido que busques la felicidad… sé que
encontraras a la mujer ideal para ti…, quizás no sea Hermione… pero habrá
alguien especial para ti, puedo sentirlo… prométeme que serás feliz, prométeme
que esta vez sí lucharas, prométemelo, por favor.
Draco
aun recordaba la promesa que le hizo a su esposa, pero aun esa mujer ideal para
él no aparecía y él estaba seguro que no aparecería, porque aun en su corazón
el sentía amor por Hermione. Sabía que era patético seguir enamorado de una
mujer ajena, pero no podía evitarlo.
—Fui
un cobarde —se recriminó en un susurró, pero en su voz se notaba la amargura.
¿Qué
hubiera pasado si le confesaba mi amor? ¿Se habría burlado de mí? Al instante
de hacerse esa pregunta tuvo la respuesta, ella nunca se habría burlado de él, simplemente
le habría dicho con palabras comprensivas y dulces que ella no sentía lo mismo
por él y luego se habría marchado dedicándole una sonrisa avergonzada, pero
definitivamente no se habría burlado.
Plop.
Draco
levanto la vista de su escritorio cuando escuchó ese ruido.
—Amo
—el elfo hizo una reverencia—, Azor le recuerda que ya tiene que ir a la
estación por su hijo.
—Está
bien, puede retirarte —dijo Draco, guardo unos pergaminos en un cajón, y con
parsimonia se paró del sillón, para luego tomar su túnica, y aparecerse en la
estación King’s Cross.
El
señor Malfoy apareció en una parte vacía de la estación, como era su costumbre
desde hace años. Miró a su alrededor.
Muggles, pensó al ver a la cantidad de personas caminando
de un lado a otro, o en sus autos. Pero a diferencia del Draco a adolescente,
el adulto no menospreciaba a las personas sin magia, es más hasta le parecía
interesante su tecnología.
Si,
él nunca se habría interesado en la tecnología si no fuera por su hijo, que al
tener amigos hijos de muggles o mestizos, también lo habían contagiado con la
moda tecnológica de los muggles.
Draco
caminó elegantemente, sin chocarse con nadie, como si caminara en una línea
invisible que nadie podía pasar.
Sonrió
ligeramente al divisar una cabeza de cabellera rubia, tan rubia como la suya
propia.
—Padre
—lo saludó Scorpius, cuando se acercó.
Scorpius
Malfoy tenía 17 años, ya casi 18, era casi tan alto como su padre y por
supuesto era su vivo retrato. Verlo a él era como ver a Draco Malfoy cuando era
joven, pero con sentimientos y costumbres muchos más nobles que sus
antepasados.
—Hijo
—dijo Draco, pasándole un brazo por los hombros—. ¿Cómo estuvo tu último año en
Hogwarts? —preguntó.
—Mejor
imposible —fue la respuesta del rubio menor, sonriendo de lado.
—Scorpius,
amigo —escucharon ambos rubios, y cuando enfocaron su vista al frente, notaron
al vivo retrato de Harry Potter, pero sin lentes y sin cicatriz en la frente—.
Oh, perdón, no quise interrumpir —se disculpó avergonzado.
Scorpius
sonrió.
—Albus.
—Buenas
tardes, señor Malfoy —saludó Albus a Draco.
—Potter
—dijo Draco, con un asentimiento de cabeza. Al rubio aun le parecía raro que un
hijo del niño que vivió haya sido
seleccionado para la casa de Slytherin.
—Bueno,
creo que me voy, ya llegaron mis padres —dijo Albus, mirando a un costado—. Nos
vemos, señor Malfoy. De ti no me despido, Scorpius, ya que te veré muy seguido
en mi casa…
A
Scorpius se le pusieron las mejillas sonrosadas, mientras que a Draco le
sorprendió lo que había dicho Albus, porque había detectado cierta ironía en el
pelinegro.
—Albus
—dijo una voz mandona.
—Ya
voy, Rosie —dijo el pelinegro, rodando los ojos—. Adiós.
Draco
vio como Albus Potter se acercaba a una chica menuda de cabellos pelirrojos y
rizados, la chica que lo había llamado. Pero eso no era lo que había
sorprendido al rubio mayor, lo que realmente lo había sorprendido era esa voz
mandona, él había escuchado esa voz antes: Hermione Granger. Y si no fuera por
el cabello pelirrojo habría creído que era Granger junto con Potter padre.
—Padre,
¿te encuentras bien? —escuchó Draco.
—Eh,
sí. Sí, estoy bien —respondió aun mirando a la chica al lado de Albus—. ¿Quién
es ella? —preguntó.
Scorpius
rodó los ojos.
—Rose
Weasley —respondió.
—Weasley.
Si lo supuse, pero hay muchos Weasley.
—Hija
de Ron Weasley.
El
entendimiento llego a Draco.
Y también hija de Granger, pensó. Con razón
su voz se me hizo tan familiar.
—Pero,
¿ella no era también tu amiga? —preguntó Draco, al recordar la única vez que
vio a la chica, en ese entonces niña pelirroja, de ojos azules y pecas en las
mejillas. Toda una Weasley. En ese momento pensó que no había heredado nada de
Granger, pero ahora comprobaba que se equivocaba; había heredado lo mandona de
su madre.
—Seguimos
siendo amigos —aclaró Scorpius—, es solo que ella ahora está enojada conmigo.
—¿Por
qué?
Scorpius
se incomodó, y Draco se dio cuenta, ya que solía poner el mismo gesto que
Astoria hacia cuando se incomodaba o se avergonzaba.
—Qué
te parece si me cuentas luego —dijo Draco.
Scorpius
asintió.
Luego
ambos se aparecieron en la mansión Malfoy.
Ese
día Scorpius había evitado responderle a su padre el por qué su amiga estaba
enojado con él. Y a Draco pronto se le olvido esa pregunta. Él solo pensaba en
Granger, y eso se le hacía raro, ya que no solía pensar mucho en ella para no
lastimarse.
Los
días iban pasando y como había dicho Albus, Scorpius siempre encontraba algún
pretexto para visitar la casa Potter o salir con “amigos”. Draco estaba
empezando a sospechar que las salidas de su hijo a la casa de su amigo era en
realidad por una chica, y eso no molestaba a Draco en absoluto, pero luego
recordó: Es solo que ella ahora está
enojada conmigo.
Y
unas ideas erróneas empezaron a llenarse en la cabeza de Malfoy padre. Scorpius
está enamorado de la hija de Weasley. Su hijo estaba enamorado de la hija de su
amor imposible.
Eso
enojo a Draco. Él no quería que su único hijo terminara con la hija de Weasley.
No lo soportaría, ya que eso significaba ver a Granger junto con el odioso
pelirrojo.
—No
—se dijo—. Yo tengo que hacer algo, tengo que hacer algo para que esa relación
no prospere.
Y
apenas termino de decir eso, cayó en la cuenta de que se estaba comportando como
un cretino con su hijo.
Se
pasó una mano por sus rubios cabellos.
—No
puedo hacer eso, no puedo arrebatarle la felicidad a mi hijo —susurró.
Así
que armándose de valor, se preparó para cuando su hijo decidiera contarle sobre
su relación con Weasley, y sobre todo se preparó para cuando tuviera que
acompañar a su hijo a pedir la mano de esa chica.
***
Los
días seguían pasando, y junto con los días, las semanas y los meses. Scorpius
seguía saliendo seguido, ya no pasaba tanto tiempo en la mansión, y eso se
debía a que el rubio menor estaba estudiando y en sus ratos libres desaparecía
y ahora ya ni siquiera se molestaba en engañar a su padre diciendo que se iba
con sus amigos.
Por
su parte Draco se sentía más solo que nunca, antes creía que su hijo podría
hacerle compañía, pero se dio cuenta que su hijo era joven y quería vivir y no
pasar su vida encerrado en una fría mansión. Y entonces que podría hacer él
para suprimir esa soledad, ni modo que viajara a Francia para estar en compañía
de sus padres, él era ya un hombre, no un niño. Además, ni cuando quedo viudo
se fue a refugiar con sus padres.
Tenía a Scorpius, pensó.
Pero
aparte de la soledad que le aquejaba a Draco Malfoy, también una mujer —o
debería decir dos mujeres— no lo dejaba en paz por las noches y los días.
Todo
empezó a raíz de esa voz que escucho en la estación. Primero empezó a recordar
a Hermione en sus épocas de escuela, en donde él era un patán con ella, pero no
era un patán apropósito, él simplemente quería que ella lo notara, que se dé
cuenta de que existía, y que mejor que con insultos. Segundo, ahora no solo era
el recuerdo de Hermione, ya que empezaba con su rostro, pero luego la castaña
de cabellos indomables se convertía en una chica pelirroja de ojos azules,
luego se convertía en su hija.
Draco
no sabía porque le pasaban esas cosas a él.
Él
solo había visto a la hija de Hermione una vez, y fue cuando la niña tenía once
años y de lejos, no recordaba su rostro, solo su cabello pelirrojo; muchas
veces se preguntaba cómo sería su rostro, cómo sería el rostro de Rose Weasley,
y entonces su loca mente le ponía un rostro, el más bello de los rostros.
—Ya
vengo, padre —le dijo Scorpius, distrayéndolo de sus pensamientos.
—Espera
—le dijo Draco—. Tengo que hablar contigo.
Esta
vez Draco no lo dejaría marchar hasta que su hijo le confesara que tenía novia,
y que esa novia era Weasley.
—Padre,
estoy apurado —replicó el rubio menor.
—Solo
será unos minutos.
—Pero…
—Si
temes llegar tarde, entonces envía una nota a tu cita avisándole de tu tardanza —había un doble sentido cuando Draco
pronuncio la palabra «cita».
Scorpius
no tuvo más remedio que hacer lo que su padre le dijo, ya que no quería que su
cita creyera que la dejaría plantada.
Luego
de enviarle una nota a su cita, volvió a la sala, donde su padre lo esperaba sentado
en un caro sofá, con una copa de whisky de fuego en la mano.
—¿Cuándo
me presentaras a tu novia? —preguntó Draco, siendo tan directo como siempre.
Scorpius
no se sorprendió por ello, él conocía el actuar de su padre, así que con las
mejillas sonrojadas levemente, sonrió. Su padre no le había preguntado si le
gustaba alguien, o si tenía una novia, él ya había dado por hecho que él tenía
una novia, y quería saber cuándo la traería.
—¿Cómo
puedes asegurar de que tengo una novia? —preguntó el rubio joven.
Draco
sonrió.
—No
burles mi inteligencia, Scorpius. Yo no nací ayer. Desde hace mucho tiempo me
he dado cuenta que tus salidas a casa de tu amigo Potter, no es más que un
pretexto para salir con tu novia.
—Tienes
razón —concedió Scorpius, sirviéndose una copa de whisky.
Draco
asintió.
—Bien,
entonces espero que un día de estos traigas a la señorita Weasley para
conocerla formalmente.
Decirle
eso a su hijo, le costó mucho a Draco. Pero enfrentar las cosas con rapidez no
le causaría tanto dolor.
—¿Weasley?
¿Te refieres a Rose? —preguntó un sorprendido Scorpius.
—Por supuesto que me refiero a ella. A tu novia.
Scorpius se atoro con el whisky, cuando quiso
soltar una risotada. Rose ¿su novia? Eso era tan ilógico para él.
Draco frunció el ceño.
—¿Qué es lo gracioso? —preguntó al ver que su hijo
reía luego de que se le pasara su atoro.
—Lo siento, padre —se disculpó—. Pero es que… Rose
no es mi novia, ella solo es mi mejor amiga, creí que te lo había comentado
hace años —Sí, Draco lo recordaba, y también recordó que no le gustó mucho la
idea de que su hijo fuera mejor amigo de una Weasley, soportaba a Potter, pero
a Weasley no—. Además, Rose es muy mandona, no es mi tipo. Yo tengo una
relación secreta, bueno no tan secreta —Albus y Rose sabían de su relación—,
con…
—¿Con quién? —se impacientó Draco.
—Pues… adivínalo —Draco detestaba cuando su hijo se
ponía en plan infantil, pero al menos estaba más tranquilo al enterarse que no
emparentaría con Weasley—, cuando no estoy aquí, ni estudiando… yo paro en la
casa de los Potter —sonrió.
El cerebro de Draco empezó a trabajar con rapidez.
Extrañamente su hijo se llevaba bien con los Potter, bueno, se llevaba mejor
con el menor de los Potter, porque con el primogénito no tanto. Por otro lado,
su hijo tenía como mejor amigo a un Potter y aun Weasley, pero la chica Weasley
estaba descartada, entonces eso quería decir que… Y de pronto Draco recordó: Es solo que ella ahora está enojada conmigo.
De por si Draco ya era pálido, pero ahora
empalideció más. Una idea terrible se había posado en su cabeza. Cuando su hijo
no estaba en casa, ni estudiando, se la pasaba en la casa de los Potter. Su
amiga se había enojado con él, y Scorpius nunca le había dicho el motivo de su
enojo. Todo encajaba. Weasley se había enojado con él cuando se enteró de esa
relación insana que él tenía con su primo. Por eso Weasley había llamado a
Potter esa vez en la estación, porque no quería que su primo continuara con esa
relación.
Draco miró con espanto a su hijo.
—¡¿Eres gay?! —vociferó Draco, levantándose de
golpe del sofá.
—¿Qué? —dijo Scorpius, y una nueva carcajada se le
escapó de su boca.
Draco frunció el ceño.
—No soy gay, padre, te lo juro por Merlín que no lo
soy. A mí me gustan las mujeres.
Draco soltó el aire que ni siquiera sabía que
estaba conteniendo, y se sentó nuevamente.
—No comprendo —dijo Draco—. ¿Acabas de aceptar que
tienes una novia? —Scorpius asintió—, la cual no es Weasley. Y también me has
dicho que paras en casa de los Potter —Draco miró a su hijo—, y que yo sepa,
Potter solo tiene dos hijos varones. Y si no eres gay, eso quiere decir que
tienes una relación con la madre de tu mejor amigo.
—No, padre —dijo Scorpius negando con la cabeza.
—No lo niegues, Scorpius. La única mujer en casa de
los Potters, es la esposa de Potter, y además, tú dijiste que tu relación era
secreta, ahora entiendo porque era secreta.
—No,
padre, te equivocas —dijo Scorpius, poniéndose serio—. Los Potter, también
tienen una hija. Lily Potter. Tengo una relación con ella.
—Nunca
me hablaste de ella.
—Es
la hermana menor de mi mejor amigo, era obvio que no aceptara mis sentimientos
hacia ella con facilidad, aparte de que no quería perder la amistad de Albus si
le decía que estaba enamorado de su hermana, no me hubiera importado mucho si
solo tuviera como hermano al pesado de James. Pero tuve que esconder mis
sentimientos hacia Lily por dos años, dos años en los que estuve saliendo con
otras chicas —Scorpius hizo una pausa dejando que su padre digiriera todo lo
que le había dicho—. Es por eso que Rose estaba enojada conmigo, ella a
diferencia de Albus, no me comprendió cuando se lo conté. Creyó que solo quería
jugar con su prima, y tuvimos una discusión muy fuerte en el tren, hasta que
Albus intervino diciendo que él confiaba en mí, eso molesto más a Rose.
Draco
asentía a todo lo que le contaba su hijo, ahora entendía todo, el enojo de su
amiga, la indirecta de Potter diciendo que lo vería muy seguido.
—¿Cuántos
años tiene tu novia? —preguntó Draco a su hijo.
—15,
en Octubre cumple 16.
Draco
asintió.
—¿Piensas
convertirla en tu esposa?
—Cuando
termine sus estudios en Hogwarts, pediré su mano a sus padres.
—Sabes
que toda su familia hará hasta lo imposible para separarte de ella —le advirtió
Draco—. Será un camino muy difícil el que tendrás que recorrer.
—No
me daré por vencido, padre. Luchare contra todos, inclusive contra ti se me lo impidieras
—sentenció.
Luchar.
Él
no había tenido el valor suficiente para luchar.
—No
me interpondré en tu felicidad, Scorpius. Tienes mi apoyo —le dijo Draco con
sinceridad—. Y no te preocupes por tus abuelos, yo los hare entender.
—Gracias,
padre —Scorpius estaba dichoso de que su padre lo comprendiera.
—Pero,
prepárate, hijo, los Weasley son muchos, y Potter puede tener un carácter
oculto.
—Descuida,
padre —Scorpius sonrió enigmático—. Quizás yo no sea un valiente león, pero si
soy muy terco.
—Sabes
que podrías perder amistades —dijo Draco, sirviéndose más whisky—. Ya
comenzaste con tu amiga Weasley.
Scorpius
sonrió.
—¿Rose?
—Draco asintió—. No he perdido su amistad. Un día que estaba de visita en la
casa de los Potter, ella también estaba allí, creí que se comportaría borde
conmigo, pero me equivoque. Apenas me vio llegar baja la mirada avergonzada, y
luego de almorzar me pidió hablar conmigo a solas, yo acepté, es mi amiga
después de todo. Ella se disculpó conmigo por su comportamiento, y también dijo
que a pesar de que la mayoría de las veces era un idiota —Draco sonrió—,
confiaba en mí, y sabía que no jugaría con su prima, dijo que tenía su apoyo y
de su hermano Hugo, el cual también sabe de mi relación con Lily. Y por último
me dijo que me ayudaría con el cabeza hueca de James.
—Parece
muy noble —comentó Draco, sabiendo de quien había heredado la nobleza.
—Ella
es así, suele hacerse la dura, pero es todo lo contrario. Rose tiene la extraña
manía de hacer a todos felices, aunque su propia felicidad se vea dañada en el
proceso.
Draco
asintió y la imagen de una chica pelirroja apareció en su mente.
No
sabía cuánto tiempo se quedó absorto en sus pensamientos, solo supo que
reacciono cuando su hijo le aviso que ya se iba a su cita con Lily, ya que la
chica se iría a Hogwarts al siguiente día, a cursar su sexto año.
***
Tres
años habían pasado y la mansión Malfoy estaba llena de invitados, la decoración
blanca del jardín era elegante, demasiado elegante. Una clara señal de que el
heredo de los Malfoy se casaba, por fin se casaba con la mujer que amaba.
Los
invitados de los Malfoy estaban sentados en el lado izquierdo, mientras que los
invitados de la novia, los Potter, los Weasley y uno que otros amigos estaban
del lado derecho.
—No
sé cómo me convencieron a ser partícipe de esta… unión —dijo Lucius Malfoy a su
esposa e hijo, con cierta amargura.
Draco
rodó los ojos con exasperación.
—Porque
no es una simple unión, es la boda de tu nieto, tu único nieto —le respondió
Draco.
—¿Pero
con una Potter? —rezongó Lucius.
—Scorpius
la ama, se ve feliz con ella, Lucius, porque simplemente no puedes alegrarte
por él —dijo Narcissa Malfoy con seriedad.
Lucius
ya no volvió a decir nada y miró al frente.
Pero
si Lucius se hubiera atrevido a decir algo más, Draco no lo soportaría, su hijo
había tenido que pasar por mucho durante dos años, que fue cuando salió a luz
su relación. Los Potter no pusieron mucha resistencia, ya que en cuanto vieron
que su hija sufría por que no aceptaban su relación, se compadecieron de ella y
dieron su brazo a torcer. Con los Weasley si fue más difícil, sobre todo el
padre de la mejor amiga de Scorpius, pero Rose había hablado muy seriamente con
su padre, diciéndole que no se podía interponer en el amor verdadero, porque si
seguía así entonces ella no le volvería a dirigir la palabra.
Draco
sonrió cuando se enteró de eso. Y le dio unas terribles ganas de agradecerle
todo lo que hacía. Era raro el hecho de que todavía no se conocieran, y eso que
a veces ella junto con Lily y su hijo se la pasaban horas y horas en el jardín
preparando la boda.
Pero
olvidándose por un momento de la pelirroja; Draco volvió su mirada a su hijo, se
sentía orgulloso de él. Scorpius si se había atrevido a luchar por su amor, no
como él, que solo se conformaba con ver a Granger del brazo de Weasley, siempre
sonriéndole, como si Weasley fuera lo mejor que le hubiera pasado en su vida.
La
boda dio comienzo, la novia estaba radiante de felicidad caminando del brazo de
su padre hacia Scorpius. Al costado de los novios estaban los padrinos.
Albus
y Rose.
Allí
fue la primera vez que Draco vio el rostro de Rose Weasley. Era incluso mucho
más hermosa que en sus pensamientos, casi parecía una muñeca de porcelana. No
era tan alta, delgada, piel blanca y una linda sonrisa, llevaba un vestido rojo
escarlata, vestido que hacia juego con el color de sus cabellos pelirrojos,
peinados en un elegante moño.
Draco
fue sacado de sus pensamientos cuando escuchó muchos aplausos, señal de que su
hijo y Lily Potter —bueno, desde ese momento, Lily Malfoy— ya se habían casado.
Draco
se apresuró a felicitar a su hijo y a su nuera, y en el momento de dar
oportunidad a que los demás también felicitaran a los nuevos esposos, se chocó
con alguien.
—Lo
siento —se disculpó Draco.
—No
la culpa fue mía, señor Malfoy —le dijo una atrayente voz. Draco bajo la mirada
y se encontró con los ojos azules de Rose Weasley, quedo deslumbrado al
descubrir el brillo que irradiaban. Él conocía ese brillo, los había visto
antes, pero en unos ojos de diferente color—. Soy Rose Weasley, mejor amiga de
su hijo y prima de la novia —se presentó la pelirroja, sonriendo cálidamente.
—Draco
Malfoy —el rubio tomo la mano extendida de la pelirroja, pero en vez de darle
un ligero apretón, se inclinó y deposito un beso en el dorso de su mano.
Rose
se sonrojó, haciendo que sus pecas se notaran más.
—Bueno,
creo que tenemos que dejar que los demás también feliciten a los novios —dijo
Rose, tratando de ocultar su sonrojo.
Draco
sonrió.
—Por
supuesto —aceptó. Dejo que Rose pasara primero entre la aglomeración de gente y
luego paso él.
Se parece a Granger, no solo en la
manera de sonreír, también cuando se sonroja, pensó Draco. Menos mal que
solo heredo el color de cabello y de ojos del troll de su padre.
Desde
ese momento Rose y Draco empezaron una entretenida platica. El rubio se
sorprendió al descubrir en Rose a una chica que sabía de muchos temas, otro
aspecto más que había heredado de su madre: la inteligencia.
En
una de esas Draco escucha que Rose reía entre dientes.
—¿Sucede
algo? —preguntó Draco.
Rose
negó con la cabeza.
—Es
solo mi padre —dijo Rose—, creo que usted no le agrada mucho —sonrió.
Draco
también sonrió, y lentamente dirigió su mirada a un costado. Allí se encontró a
Weasley junto con Potter, el pelinegro hablaba, mientras que el pelirrojo solo
se dedicaba a mandarle miradas asesinas.
—A
decir verdad, tu padre tampoco me agrada —soltó Draco.
Rose
no lo pudo evitar y también rió.
—Con
todo respeto, señor Malfoy…
—Draco.
—¿Perdón?
—Solo
llámame Draco. No creo que sean necesario las formalidades, ya que se podría
decir que somos como… familia.
Rose
asintió y se volvió a sonrojar.
—Bien,
como decía, creo que mi padre y tú se comportan como niños. ¿No creen que ya
deberían dejar esas rencillas en el pasado?
—Tal
vez —concedió Draco—, pero entonces perderíamos toda la diversión.
Rose
sonrió.
Luego
de esa pequeña platica, Draco se disculpó con ella y se fue a reunir con sus
padres y demás invitados, mientras que Rose fue con su padre, el cual también
la había llamado.
Ron
le reclamo a su hija el haber confraternizado con el enemigo, Rose negó con la
cabeza, y le explicó a su padre lo mismo que había dicho Draco: Se podría decir
que ahora todos eran familia. Ron se puso pálido al oír tales palabras, y por
supuesto que lo negó rotundamente, diciendo que eran familia con su tío Harry
no con él.
La
fiesta continúo hasta la madrugada, aunque los novios habían partido a su luna
de miel a los 11 de la noche. Lily antes de irse con su esposo, quiso ponerle
un toque muggle a su boda, ella había visto en muchas películas que la novia
reunía a todas las chicas solteras y luego lanzaba su ramo de flores (buque) y
la chica que lo atrapaba era próxima en
casarse.
Esa
tradición muggle no le agrado a Lucius Malfoy, así que se alejó de la fiesta.
Mientras
tanto las amigas y las primas solteras de Lily, entre ellas la misma Rose, Dominique,
Roxane y las gemelas Molly y Lucy se acercaron.
Lily
lanzo el ramo y para sorpresas de todos el ramo cayo a los brazos de Rose, la
cual se encontraba un poco alejada. Todas se alegraron de que Rose se ganara el
ramo, ya que era como una broma o ironía del destino, porque la hija de Ron y
Hermione ni siquiera tenía novio.
Ron
miró con ojos entrecerrados a su hija.
—Es
solo coincidencia. Yo ni siquiera tengo novio, papá, así que no me mires como
si yo tuviera la culpa —respondió Rose al reclamo silencioso de su padre.
***
Habían
pasado cinco meses desde la boda de Scorpius y Lily. Los nuevos esposos Malfoy habían
decidido vivir en una casa más pequeña, este hecho no le agrado mucho a Draco,
pero no podía hacer nada ya que era una pareja recién casada y como tal deseaba
disfrutar de su vida de recién casados, vida en donde él no encajaba.
Pero
esto no quería decir que Scorpius no quisiera a su padre, es solo que quería
estar con su esposa. Los fines de semana él y Lily iban a la mansión Malfoy y
luego a la casa de los Potter.
Aunque
no todo fue malo en la vida de Draco Malfoy, ya que cuando la soledad, su fiel
compañera se estaba haciendo más presente que en otras ocasiones, alguien vino
a cambiarlo todo.
Y
ese alguien tenía nombre y apellido.
Rose
Weasley.
La
chica se presentó en su mansión dos semanas después de la boda de Scorpius y su
prima. La primera reacción de Draco, fue la sorpresa. Él no sabía qué hacía
Rose Weasley en su mansión. La pelirroja al notar la reacción de padre de su
mejor amigo —ahora primo político— se apresuró a aclararle, que él mismo la
había invitado a su casa para prestarle algunos libros de su amplia biblioteca
cuando le conto que estudiaba Leyes Mágicas.
Y
desde el primer momento en que Rose puso un pie en la mansión Malfoy; Draco
tuvo la oportunidad de conocerla más, ya que el rubio solía trabajar en su
biblioteca. Sentado en su escritorio, él la observaba de reojo; Rose fruncía el
ceño cuando no entendía algo y sus ojos azules brillaban más cuando lograba
entender lo que antes le había costado trabajo. Y a veces cuando su mirada se
encontraba con la de él, ella se sonrojaba y mordía su labio inferior, señal de
nerviosismo.
Y
por supuesto Draco también había notado que a Rose le gustaba de hacer las
cosas a lo muggle, y cuando se lo había preguntado, ella le había contestado
que era porque no quería olvidar que también tenía genes muggles, de los cuales
estaba completamente orgullosa, ya que pertenecía a dos mundos.
Draco
no sabía porque, pero esa respuesta le había gustado.
Y
a medida que el tiempo pasaba, Draco había empezado a olvidar el recuerdo de
Hermione Granger, eso alegro al rubio, ya que así podía por fin dejar de
lamentarse por su cobardía de años atrás. Pero también sin darse cuenta o él
pretendió no darse cuenta, los recuerdos de la castaña fueron reemplazados por
una pelirroja. Sí, precisamente la pelirroja que estaba frente a él con un
libro en las manos.
Él
ya no podía prestarle atención a su trabajo, solo se dedicaba a mirar a la
chica, pero cuando ella levantaba la mirada, él fingía estar leyendo sus
pergaminos.
Pero
él tenía más oportunidad de mirarla sin parecer un degenerado era cuando a las
cinco de la tarde su elfo traía el té, allí ellos dos hacían un receso, para
tomar el té y platicar.
***
Rose
se pasaba todas las tardes de lunes a viernes en la casa de Draco. Ella debía
reconocer que al comienzo iba a casa del rubio para aprovechar su gran
biblioteca, pero luego de unas cuantas platicas con él también empezó a ir
porque la presencia del papá de su amigo le agradaba, más de lo estrictamente
necesario.
Y
esas mariposas que sentía en el estómago cuando lo veía o simplemente cuando pensaba
en él, la estaba asustando, ya que ella nunca había sentido algo parecido.
Un
día decidió que tenía que hablar con alguien de lo que le sucedía, la elegida
fue su prima Victoire Lupin, esposa de Ted Lupin. Y no era que desconfiara de
su madre, es solo que sentía cierta vergüenza de hablar de eso con ella, en
cambio Victoire siempre había sido neutral y comprensiva. Así que aprovecho un
día que Victoire llego a la casa de sus abuelos, para hablar con ella.
Le
conto sobre las mariposas en su estómago cuando lo veía o lo pensaba —claro
nunca le menciono de quien se trataba— y lo nerviosa que la ponía cuando él la
miraba y que cuando estaba cerca de él sus manos sudaban y su corazón latía con
mucha fuerza.
La
respuesta de Victoire fue sencilla: Estás enamorada, Rose.
Rose
se quedó petrificada luego de esa respuesta. Ella ¿enamorada? Y no de cualquier
hombre. Sino que justo se vino a enamorar del padre de su mejor amigo.
Scorpius va odiarme, pensó automáticamente Rose.
Al
día siguiente, un lunes, ella no fue a la mansión Malfoy. No podía luego de
ella misma darse cuenta de todos los síntomas de enamoramiento.
Ese
hombre mayor la había logrado enamorar con solo miradas y palabras precisas,
cosa que ningún chico de su edad había logrado, ni siquiera cuando iba a
Hogwarts.
No volveré, se prometió.
***
Por
su parte Draco estaba preocupado por la ausencia de Rose, ya había pasado
cuatro días y ella no había vuelto a su mansión, y eso que ella le había dicho
el día viernes que se despidieron que el lunes se verían.
¿Le habrá pasado algo?, se preguntaba Draco.
Pero
luego descartaba esa idea, ya que si le hubiera pasado algo, Scorpius le habría
contado.
Draco
la extrañaba, extrañaba su compañía, su voz, su fragancia a jazmines, y su
personalidad. Se sentía desesperado al no tenerla junto a él. Y entonces fue
cuando se empezó a preguntar el porqué de su desespero.
Y
lo comprendió. Lo comprendió todo, ¿cómo no se había dado cuenta antes? Todo
encajaba, como un perfecto puzzle.
Primero,
pensar en Hermione ya no le dolía. Segundo, añorar la presencia de Rose a su
lado cada segundo de su vida nunca lo había sentido por ninguna mujer, ni por
su esposa, ni mucho menos por Hermione. Y tercero, adoraba cada gesto y manía
que tenía la chica, aunque muchas de estas eran idénticas a las de su madre,
pero ella le ponía un toque especial. Y lo que más le gustaba de ella, eran sus
ojos vivaces, llenos de vida.
Sí,
Draco Malfoy se había enamorado de Rose Weasley, la mejor amiga de su hijo, prima
de su nuera, e hija de su antiguo primer amor.
Pero
nada de esto le importaba a Draco. Él solo sabía que no la dejaría ir, no
dejaría ir al amor una segunda vez. Esta vez él lucharía, tal y como se lo
había prometido a Astoria.
Rose
era la mujer ideal para él.
Y
mañana daría el primer paso. Iría a buscarla en la academia, la enfrentaría, y
le confesaría sus sentimientos, y sí ella al comienzo se negaba, él lucharía
por ella y la conquistaría.
Pero
no tuvo que esperar hasta el siguiente día, ya que Rose se presentó esa tarde
en su mansión.
—Rose
—dijo Draco luego de que le ordenara al elfo que se marchara—. Estaba
preocupado por ti.
Rose
se sonrojó.
—Yo…
—murmuró la chica, sin mirarlo a los ojos.
Draco
acortó la distancia que los separaba. Haciendo que la sorprendida chica se
sobresaltara cuando se dio cuenta de lo cerca que estaba, él tuvo que cogerla
de la cintura para que no cayera al suelo.
Sus
miradas se conectaron. Gris con azul.
—¿Por
qué dejaste de venir? —preguntó Draco, su voz sonó como una caricia.
Rose
se sonrojó más al notar la mirada del rubio y sobre todo porque él no había
quitado su brazo de su cintura.
—Yo…
—volvió a murmurar Rose, y se sintió estúpida al solo poder decir esa palabra.
—¿Qué?
—susurró Draco.
Las
mariposas en el estómago de Rose revoloteaban sin parar, sus piernas no tenían
fuerzas y si no fuera por él que la sostenía, estaba segura que habría caído, y
que decir de su corazón, que latía cada vez más fuerte, hasta tenía la
sensación de que Draco podía escucharlo.
Pero
de un momento a otro Rose vio como una sonrisa ladeada se formaba en los labios
de Draco.
¿Acaso se está burlando de mí?, se preguntó, y eso la enojo. Por supuesto que se está burlando de mí, ya se dio cuenta de lo que
siento por él.
Así
que reuniendo toda su fuerza, trato de alejarse de él, pero fallo, Draco
intuyendo su reacción apretó su agarre.
—¿Por
qué quieres alejarte de mí? —preguntó Draco y su voz volvió a sonar como una
caricia.
—Tengo
que irme —murmuró Rose.
—¿Irte?
¿Por qué? Si apenas has llegado.
Rose
no respondió. Así que Draco continuó hablando.
—Se
lo que te pasa, puedo verlo en sus ojos.
Rose
trato de separarse nuevamente de Draco, y nuevamente fallo.
Él
levanto su mano libre para acariciar su rostro, pero ella se alejó, al menos lo
poco que podía.
—Deja
de burlarte de mí —murmuró con enojo, y en verdad parecía enojada, ya que tenía
el ceño fruncido.
Draco
volvió a sonreír. A veces Rose era tan voluble, primero estaba nerviosa,
avergonzada, pero ahora estaba verdaderamente enojada.
—No
me burlo —dijo Draco, y volvió a intentar acariciarle el rostro, ella lo aparto
de un manotazo—. Eres arisca.
—Déjame.
Tengo que irme. Fue un error haber venido —dijo la pelirroja.
—¿Un
error? Yo no lo veo de esa manera. Es más lo veo muy oportuno —Rose se revolvió
en el brazo que la tenía prisionera, pero Draco continuó como si Rose no
hubiera hecho ningún movimiento—. ¿Sabes? Mañana pensaba ir a buscarte en la
academia —Rose dejo de revolverse y lo observó.
—¿Para
qué? —preguntó interesada.
—Pues…
para esto —y apenas termino de hablar junto sus labios con los de Rose. Ella se
sorprendió al comienzo, no podía creer que Draco Malfoy la estuviera besando.
¿A ella? Una chica común y corriente, sin nada especial, según los pensamientos
de Rose.
Ella
se apresuró a responder el beso, pero no sabía si lo estaba haciendo bien o
mal, ya que ella no era una experta besadora, máximo había besado cinco veces
en su vida. Aunque creía que lo estaba haciendo bien, porque Draco la pego más
su cuerpo y profundizo el beso.
Se
sentía desfallecer de alegría, el hombre que amaba la estaba besando.
Segundos
después se separaron por falta de aire. Rose se sintió mareada, y más cuando
noto que Draco la miraba de manera especial.
Pero
entonces el entendimiento llego a ella.
—No
—susurró—. Scorpius me va odiar.
—No
lo hará —dijo Draco, volviendo a juntar sus labios con los de ella, impidiendo
que replicara. Este beso duro un poco más que el anterior.
—No
puedo hacer esto —dijo Rose, cuando dejaron de besarse—. Eres el padre de mi
mejor amigo, y además, mi padre te detesta.
—No
te preocupes por Scorpius, él entenderá. Y sobre tu padre… estoy dispuesto a
luchar contra él y contra todos con tal de no separarme de ti.
—Pero…
—Tú
no te preocupes por nada, déjame a mí. Yo lo resolveré.
Rose
no estaba muy segura sobre dejarle todo la carga a Draco.
—No
tengas miedo, Rose. Yo te amo.
Rose
sintió que sus piernas volvían a fallarle cuando escuchó tal confesión. Lo
bueno era que Draco aun la sostenía de la cintura, sino hubiera caído al suelo
indudablemente.
—Yo
también te amo, no sé desde cuándo, pero te amo.
Y
eso fue suficiente para Draco, suficiente para reunir todas sus fuerzas y
luchar.
***
Y
ahora, cinco meses después, Draco estaba allí en la biblioteca de su mansión,
sentado en un sofá con Rose sobre su regazo, ella leía un libro, mientras él la
observaba, ese era el pasatiempo preferido de Draco. Observarla.
Pero
de un momento a otro Rose dejo de leer y lo miró.
—Voy
hablar con mis padres sobre lo nuestro —le avisó.
Eso
pareció sorprender al rubio, ya que Rose le había pedido que mantuvieran su
relación en secreto, eso no le agrado al rubio, pero accedió. Quería
complacerla y lo hizo. Y él pensó que su relación se iba a mantener en secreto
por mucho tiempo más.
—¿Por
qué? —preguntó Draco.
—Porque
ya me canse de esconderme como una delincuente —y esa fue la respuesta de Rose.
Draco
la observó, había aprendido a conocerla, y sabía que había algo más detrás de
sus palabras. Pero igual asintió.
—¿Cuándo
se lo diremos? —preguntó Draco.
Rose
parpadeó.
—No.
Yo hablare con mis padres —Draco frunció el ceño. Había entendido claramente
que no quería que él la acompañara—. No te enojes, pero preferiría hacerlo yo
sola.
—No
voy a dejarte sola en esto —dijo Draco.
—Por
favor, Draco. Será lo mejor, yo sé cómo tratarlos… son mis padres.
Y
ahí estaba ese «por favor, Draco» y esa mirada que lo convencía siempre.
—Bien.
Rose
sonrió y lo beso.
Poco
a poco el beso se tornó más pasional, el libro que Rose tenía precariamente
sobre sus piernas cayó al suelo cuando en un movimiento rápido de Draco la
coloco sobre el sofá y él se posesiono sobre ella. Las ropas empezaron a
desaparecer del cuerpo de ambos amantes y las caricias y los besos a aumentar
con mayor fogosidad.
Pronto
Draco se adentró en Rose, y ella gimió de placer al sentirse invadida. Las
embestidas eran rápidas y precisas, Rose no dejaba de gemir, y Draco de
complacerla, ella clavaba sus uñas sobre los hombros de Draco y sus piernas
estaban entrelazadas de sus caderas de él para que haya una mejor penetración,
por su parte Draco la besaba y le acariciaba el cuerpo, una de sus manos llego
a su cintura y la fue deslizando por su estómago y la parte baja, él noto algo
raro en ese área del cuerpo de la chica, pero en ese momento no lo tomo en
cuenta, lo único que importaba era ese momento especial de entrega.
***
Draco
se encontraba en la sala de su mansión, bebiendo una copa de whisky de fuego,
esperaba visitas, más bien una visita. Ya que ese día era el que Rose le
contaría a sus padres sobre su relación.
Pero
no fue mucha la espera porque de pronto Draco escuchó unos pasos apresurados
por el vestíbulo.
Sonrió.
—¿Qué
haces aquí, Weasley? —preguntó Draco al pelirrojo que tenía frente a él.
El
pelirrojo le dirigió una mirada asesina.
—¿Qué
crees que hago, Malfoy? —graznó Ron, con el ceño fruncido.
Draco
ya sabía porque Ronald Weasley se había atrevido a poner sus pies en su
mansión, pero como en los viejos tiempos al rubio le gustaba molestar hasta
sacar de sus casillas al pelirrojo, así que siguió con su juego.
—No
lo sé, pero no creo que hayas venido a tomar el té, ¿o sí?
La
cara de Ron se confundía con su cabello.
—¡Déjate
de estupideces! —bramó Ron—. Sabes perfectamente a que he venido. Y te exijo
que te alejes de ella.
—¿Por
qué he de hacerlo? Y sobre todo, ¿por qué he de hacer lo que me pides?
—Porque
es mi hija —contestó el pelirrojo con los dientes apretados.
Draco
asintió.
—No
lo voy hacer, a menos que ella me lo pida —sentenció el rubio.
—Es
menor que tú —dijo Ron.
—Vaya,
Weasley, que inteligente, si no me lo dices, yo no me doy cuenta —dijo el rubio
destilando sarcasmo con cada palabra.
—¡ALÉJATE
DE MI HIJA! —gritó Ron, apuntándolo con su varita.
—Ya
te lo dije, no lo voy hacer. Y ya que estas con tu varita, aprovecha para
matarme, porque esa será la única forma de que me aleje de Rose.
—Todo
esto lo haces por Hermione, ¿verdad? —dijo Ron, sorprendiendo al rubio.
Draco
por su parte al escuchar el nombre de la castaña, recordó sus hermosos ojos
marrones, pero luego esa visión cambio por unos ojos azules, tan vivaces como
los marrones.
—No
sé qué tiene que ver tu esposa con que yo salga con Rose —dijo Draco, con el
ceño fruncido.
—Tiene
mucho que ver, porque al no poder estar con la madre, te metes con su hija, con
mi hija.
—No
sé de qué demonios me hablas —dijo Draco fingiendo confusión.
—No
te hagas el idiota —gruñó el pelirrojo, aun sin dejar de apuntar con su varita
al rubio—. Tú creías que nadie se daría cuenta, ¿verdad? Creías que nadie lo
notaria —Ron rió, sin sentir gracia alguna, cosa que molesto al rubio—. Pero
adivina, yo siempre lo supe. Siempre supe que estabas enamorado de mi esposa. Lo
descubrí desde que estábamos en Hogwarts.
Draco
negó con la cabeza.
Maldita sea, pensó.
—No
dices más que estupideces, Weasley.
—Nunca
imaginaste que lo descubriría, ¿verdad? —en los ojos azules de Ron había
furia—. Ni la misma Hermione, ni Harry se dieron cuenta, pero yo sí. Tal vez
Harry y Hermione creyeron que la insultabas solo porque ella no pertenecía a
una familia de magos sangre pura. Pero yo fui el único que entendió lo que
había detrás de cada insulto, de cada maltrato. Aún recuerdo cuando la llamaste
«sangre sucia» en nuestro segundo año, todo lo hiciste para llamar su atención,
cada insulto, cada pelea, cada mirada fría, todo era para que ella te prestara
un poco de su atención, pero fallaste, Hermione nunca se fijó en ti —los ojos
de Draco parecían dagas envenenadas, dispuestas a ir contra el corazón del
pelirrojo—. Detrás de todos esos insultos, sentías enojo, rabia, impotencia,
sobre todo impotencia por no poder enfrentar a tu familia y decir que te habías
enamorado de una hija de muggles. Claro, si hubieras hecho tal cosa, entonces
tu padre te hubiera negado como hijo, y tú no soportarías eso, ¿verdad? Por eso
accediste a casarte con la mujer que tu padre escogió para ti. Eres un cobarde
y yo no quiero un hombre así para mi hija.
Ahora
sí que Draco estaba enojado.
—Cierra
la maldita boca, Weasley —siseó.
—Todo
lo que he dicho es verdad. Así que te lo vuelvo a repetir, aléjate de mi hija
—gruñó.
—Y
yo ya te dije que no lo haré, a menos que ella me pida que la deje.
Ron
se acercó más a Draco y la punta de su varita la situó en el cuello del rubio.
—Aléjate
de ella.
—PAPÁ,
NO. NO LO LASTIMES —el gritó de Rose los distrajo.
—Rose
—dijo Draco, al ver sus ojos azules anegados en lágrimas. Se apartó de Ron aprovechado
su distracción, y cuando quiso acercarse a Rose, el pelirrojo se lo impidió.
—¡NO!
—dijo volviendo a apuntarlo con su varita—. ¡Y TÚ, VUELVE A LA CASA! —le gritó
a su hija.
Draco
saco su varita.
—No
vuelvas a levantarle la voz —siseó apuntando al pelirrojo.
—Es
mi hija —se justificó Ron—. Rose, vuelva a casa —ordenó Ron.
—No
—dijo Rose negando con la cabeza.
Draco
sonrió.
—Rose
me prefiere a mí, Weasley —se mofó el rubio.
Ron
miró a Draco con furia, pero dejo de apuntarle con la varita y se acercó a su
hija.
—Obedéceme,
Rose, o será peor —dijo Ron tomando a su hija del brazo, pero Rose negó con la
cabeza—. Me estás obligando hacer algo que no quiero —Draco miraba a Rose, esta
le decía con la mirada que no hiciera nada, pero le era muy difícil contenerse
cuando escucha como Weasley amenazaba a la mujer que ama—. Tienes dos opciones,
aléjate de Malfoy y te quedas en Londres o te envió a Rumania con Charlie a
cuidar dragones si insistes en estar con él.
—Ya
soy mayor de edad, no puedes ordenarme —replicó Rose.
—Ya
déjala de una maldita vez, Weasley —siseó Draco, posesionándose al otro costado
de Rose.
—QUE
TE ALEJES DE MI HIJA, MALFOY —gritó Ron, volviendo a apuntarlo con la varita.
—Y
yo ya te dije que solo me alejaré de tu hija si ella me lo pide —miró a Rose—.
¿Quieres que me aleje de ti? —le preguntó.
Rose
evito mirar a su padre.
—No
—respondió.
—Y
ahí lo tienes, Weasley.
Ron
en un arranque de ira, soltó a Rose y lanzo un Expulso a Malfoy, pero este evito el hechizo con un Protego.
Pero
mientras Ron y Draco se lanzaban hechizos, Rose gritó algo que dejo
petrificados a ambos.
—¡Estoy
embarazada!
Ron
fue el primero en reaccionar.
—Es
una broma, ¿verdad? Tiene que ser una broma. Solo lo dices para que deje estar
con él. ¿Rose? —Ron observó a su hija, ella tenía una mano sobre su vientre y
lloraba. Lo comprendió todo, él había notado desde hace un mes y medio rara o
su hija, pero todo lo atribuyó a esos días difíciles que las mujeres sufrían
cada mes. Había sido un idiota, los síntomas que ella tenía eran evidentes, una
vez la tuvo que sostener porque casi se cae, y ella le había dicho que era solo
un mareo, luego su inapetencia, y por último esa vez que se comió tres
rebanadas de pastel de chocolate, y eso que ella no era mucho de dulces, y
cuando le preguntó, ella le había respondido que se le había “provocado”. Ron
se volvió lleno de furia a un estático Malfoy—. ¡TÚ! ¡MALDITO DEGENERADO! ¡VOY
A MATARTE!
Draco
no escuchaba las palabras de Ron, él solo escuchaba repetidas veces en su
cabeza «¡Estoy embarazada!». ¿Rose estaba embarazada? No, su Rose estaba
embarazada, ella llevaba a su hijo en su vientre, ella lo convertiría en padre
por segunda vez.
Claro, que tonto fui. Eso era lo
diferente en Rose la última vez que estuvimos juntos, ella tenía el vientre
ligeramente abultado. Pero ¿por qué no me lo dijo?, pensaba Draco. Era por eso que decidió contarles sobre su relación a sus padres, un
embarazo no se puede ocultar.
—¡¿CÓMO
TE ATREVISTE A TOCAR A MI HIJA?! —vociferaba Ron, y Draco recién reacciono
cuando sintió nuevamente la varita del pelirrojo presionar su cuello—. ¡LA
MANCILLASTE! ¡LE ROBASTE SU INOCENCIA, SU PUREZA! —bueno, ante eso Draco no
podía contradecirlo, ya que era cierto. Él tomo la virginidad de Rose, él la
hizo mujer, su mujer; pero no lo hizo solo por pasión, aunque algo había de
eso, lo que prevalecía era amor, él le hizo el amor—. ¡NUNCA TE VOY A PERDONAR
QUE TOCARAS A MI HIJA! ¡ES UNA NIÑA! ¡VOY A MATARTE, JURO QUE VOY A MATARTE!
—¿Ah
sí? ¿Y qué esperas para hacerlo? Hace rato que te escucho decir que vas a
matarme y no haces nada —lo reto Draco.
Ron
abrió la boca para pronunciar un hechizo, pero Rose se interpuso entre su padre
y el hombre al cual ama.
—¡QUÍTATE
DE ALLÍ, ROSE! —gritó Ron.
—Papá,
por favor… —suplicaba la chica.
Draco
sabía que Ron no haría nada, quizás solo unos cuantos hechizos que lo dañarían,
pero no se atrevería a matarlo, aun así él no quería que ninguno de esos
hechizos le vaya dar a su Rose y mucho menos a su hijo.
—Rose
—dijo Draco, con un tono completamente distinto con el que hablaba siempre, su
voz sonaba como una caricia—, tu padre no me hará nada… estarás mejor en la
biblioteca, ve —le puso una mano en el hombro.
—¡NO
TOQUES A MI HIJA, MISERABLE! —gritó Ron, tomando del brazo bruscamente a Rose
para alejarla de Draco, pero al momento de soltarla… no midió su fuerza… y
ninguno de los dos, ni Draco ni Ron fueron los suficientes rápidos como para
sostener a Rose.
Ella
trastabillo con sus propios pies y cayó al suelo, golpeándose fuertemente la
cabeza con la mesita de centro.
—¡ERES
UN IMBÉCIL, WEASLEY! —gruñó Draco y dándole un empujón a Ron, se acercó a una
inconsciente Rose, la tomo en brazos y la traslado a San Mungo, no sin antes
amenazar a Ron, diciéndole que si algo le pasaba a ella o su hijo, él si se
atrevería hacerle lo que él no pudo: Matarlo.
Ron
dejo caer su varita al suelo y se quedó quieto.
—No,
yo no quise lastimarla, a ella no —murmuró Ron.
Minutos
después recogió su varita y se fue a su casa. Allí se encontró con su esposa
riñéndole a Hugo, el cual también quería ir a la mansión Malfoy a «partirle la
cara a ese degenerado» según las palabras de su hijo.
Madre
e hijo se volvieron al oír el sonido de la aparición en la sala.
—Papá,
dime que mataste a ese imbécil que se atrevió a poner sus ojos en mi hermana
—dijo Hugo, repentinamente eufórico por una afirmación.
Hermione
por su parte solo veía el semblante de su esposo, lo noto pálido, preocupado,
con culpa en sus ojos.
—¿Dónde
está Rose? —preguntó Hermione al no ver a su hija siendo arrastrada por su
padre a casa.
Ron
no respondió.
—¿Dónde
está Rose? —repitió Hermione, ya muy enojada. Estaba cansada, ella podía
controlar a un hombre impulsivo, pero a dos le costaba trabajo. Y su mala
suerte era única, ya que su segundo hijo había heredado no solo el parecido
físico a su padre sino también en carácter.
Y
hace dos horas aproximadamente, después de que Rose les contara que tenía un
novio, y no cualquier novio, sino que era nada más y nada menos que Draco
Malfoy, su ex compañero de estudios, ella no pudo hacer nada para detener a Ron
y a su hijo, el primero se desapareció apenas escucho las palabras «novio»
junto con «Draco Malfoy», minutos después Rose no se pudo quedar en su casa,
ella estaba muy nerviosa por lo que pudieran hacerse Draco y su padres, así que
ignorando los llamados de su madre, ella también se fue a la mansión Malfoy.
Y
ella, Hermione Weasley se había quedado en casa regañando a su hijo menor.
—¿Ronald?
—dijo Hermione con advertencia.
—Rose
está en San Mungo, creo.
—¿Cómo
que crees? ¿Está en San Mungo o no? —Hermione no espero a la respuesta de
esposo—. Más te vale que no hayas hecho nada estúpido, Ronald Weasley —y
diciendo eso último la castaña desapareció.
***
Hermione
apareció en San Mungo, se acercaba apresurada a la recepción cuando de pronto
sobre paro al ver a Draco Malfoy a unos cuantos pasos de ella.
—Granger
—dijo Draco cuando vio a su ex primer amor.
—¿Dónde
está mi hija? —preguntó Hermione, ignorando el saludo y que el rubio aun la
llamaba por su apellido de soltera—. ¿Dónde está mi hija, Malfoy? ¿Qué fue lo
que paso?
—¿Acaso
tu esposo no te lo dijo?
Hermione
acortó la distancia que lo separaba del rubio.
—Te
lo estoy preguntando a ti, Malfoy. ¿Qué le paso a mi hija?
—Pues
por culpa de tu esposo, Rose se cayó y se golpeó la cabeza —respondió Draco con
seriedad. Mientras que Hermione maldecía por dentro a Ron.
—¿Y
como esta? ¿Qué te ha dicho el sanador? —preguntó una preocupada Hermione.
—El
golpe de la cabeza no es grave, solo tiene que tomar una poción para el dolor
—Hermione respiró más calmada, lo que su hija tenía no era grave—. Pero tendrá
que quedarse unos días más para cerciorarse de que el niño se encuentre bien.
—¿Niño?
¿Qué niño? —preguntó Hermione, con confusión, aunque muy en el fondo de ella no
quería creer lo que se su suposición.
—Rose
está embarazada —informó el rubio.
—¿Rose
está embarazada? —dijo una voz sorprendida detrás de Malfoy.
Draco
se volvió para encontrarse con su hijo tomado de la mano con su esposa. Draco
no se sorprendió de la llegada de su hijo, ya que el mismo hace unos minutos le
había mandado una carta diciéndole que se encontraba en San Mungo, pero no le
había explicado el motivo de porque se encontraba allí. Y ahora que su hijo se
enterada de esa forma que tenía una relación con su mejor amiga y que también
iba a tener un hermanito no era la mejor forma de contarle todo.
Pero
vamos, a él también lo había tomado por sorpresa que iba a ser padre otra vez.
Aunque debía de haber estado preparado de que algo así ocurriría, ya que su
relación con Rose no solo se trataba de besos y abrazos.
—Luego
hablaremos de esto Malfoy, quiero ver a mi hija —dijo Hermione pasando por su
lado.
Lily
al ver la seriedad de su tía y de su suegro, decidió que mejor acompañaba a su
tía porque su esposo y su suegro tenían cosas que hablar.
—Te
acompaño, tía Hermione —dijo la hija de Harry Potter, dejando a padre e hijo
solos en medio del pasillo del hospital.
Scorpius
se acercó a su padre.
—Bien,
así que ya exploto la bomba —dijo el rubio menor.
Draco
lo miró con interrogación.
—Por
favor, padre, no burles mi inteligencia —Scorpius uso las misma palabras que
Draco le había dicho hace meses, el día que lo encaro sobre su novia—. Ya lo
sabía.
—¿Ya
sabías que? —en verdad Draco no entendía las palabras de su hijo.
—Pues
ya sabía de lo tuyo con Rose —dijo Scorpius dejando más que sorprendido a su
padre—. Lo supe desde hace tres meses —contó—, al comienzo no me gustó nada que
le buscaras un reemplazo a mamá, pero luego Lily me hizo comprender. Ya sería
difícil para ti enfrentarte a todos los Weasley, sobre todo al papá de Rose.
—¿Cómo
lo descubrirte? —preguntó Draco.
Scorpius
sonrió de lado.
—Muy
fácil. Conozco el actuar de los dos a la perfección, y déjame decirte que a
veces eran muy evidentes, no sé cómo no los han descubierto los demás.
Draco
asintió, se pasó una mano por sus rubios cabellos y miró el pasillo por donde
se había ido Hermione con Lily.
—Y
entonces, ¿voy a tener un hermanito o no? —preguntó Scorpius.
Draco
sonrió.
—Sí,
lo tendrás.
—Vaya,
estaba acostumbrado a ser hijo único —bromeó Scorpius.
Draco
no tuvo tiempo de contestar a su hijo, porque escucho el sonido de la aparición
a unos pasos del pasillo. Frunció el ceño cuando vio a Ronald Weasley junto con
su hijo allí.
Draco
camino hacia él con los ojos oscurecidos por la ira.
—¿Qué
haces aquí, Weasley? —siseó el rubio mayor.
—Vine
por mi hija —respondió Ron con ira, no le gustaba ver a Malfoy allí, y menos
cuando lo veía dándose aires de grandeza.
—¿Ahora
te preocupas por ella? Cuando fuiste tú quien la lastimo.
—Fue
un accidente, yo nunca lastimaría a mi hija —replicó Ron—. Y además, ¿qué haces
todavía aquí? Esto es un asunto familiar, así que tú no pintas nada aquí,
Malfoy. Vete.
—Tiene
razón, señor Weasley —dijo Scorpius, Draco miró a su hijo con confusión, ¿acaso
se estaba poniendo de parte de la comadreja?—, este es un asunto familiar, por
eso mi padre está aquí, porque si aún no se ha enterado o no lo recuerda, el
hijo que espera Rose también es hijo de mi padre —Sí, Scorpius podía
comportarse como una verdadera serpiente si quería. Draco sonrió con burla a
Ron, mientras que este solo quería matar a ambos rubio. Por su parte Hugo se
había quedado sin palabras. Él no sabía que su hermana estaba embarazada.
—Ya
oíste a mi hijo, Weasley. Me quedare aquí por mi mujer y mi hijo —Ron apretó los puños con fuerza cuando escuchó a
Draco llamar su mujer a su hija, pero se contuvo de hechizarlo porque podrían
echarlo del hospital y él quería saber cómo estaba su hija.
—Bien
—gruñó Ron—, pero solo déjame decirte algo, Malfoy; Rose siempre me preferirá a
mí porque soy su padre, y lo seguiré siendo aun después de la muerte, pero tú
—Ron sonrió con burla—, puede que en unos años Rose se canse de ti al verte
envejecer y te cambie por uno más joven. Créeme esperare ese día con ansias
—Ron seguía sonriendo al ver la cara de Malfoy.
—Pues
entonces búscate una silla cómoda, Weasley, porque estoy seguro que te cansaras
de esperar estando de pie —siseó Draco, para luego alejarse junto con su hijo.
—Lo
dudo, Malfoy —dijo Ron, y dando media vuelta se fue al otro extremo del
pasillo, Hugo fue detrás de él aún muy sorprendido por lo que se acababa de
enterar.
***
Días
después Rose fue dada de alta, y por más que Draco había insistido en que la
chica estaría mejor en su mansión, Hermione no lo permitió, alegando que ella
quería cuidar de su hija personalmente.
Y
vaya que Hermione Weasley podía ser muy terca cuando quería.
Draco
visitaba todas las tardes a Rose y se iba muy entrada la noche, para alegría de
la chica y para molestia del padre.
Pero
Ron no podía decir nada porque, primero Hermione aún seguía molesta con él por
el accidente de su hija, y segundo porque él había visto lo feliz que era su
hija con la presencia del rubio, y mientras Rose era feliz, él lo aceptaría a
Malfoy, pero apenas el viera alguna molestia de su hija por culpa del rubio, no
lo pensaría dos veces y esta vez sí lo mataría.
Dos
meses después Rose ya se encontraba repuesta, e iba todos los meses a San Mungo
para verificar que su embarazo vaya bien.
Ahora
Rose tenía un vientre no tan abultado, pero era muy evidente sus casi cuatro
meses de embarazo. Esos dos meses de recuperación había recibido las visitas de
sus familiares, la mayoría ponían mala cara cuando se enteraban quien era el
padre de su bebé, pero definitivamente los más sorprendidos fueron los Potter.
En ese momento Harry agradecía silenciosamente a Merlín de que su hija se haya
fijado en el hijo de Malfoy y no en Malfoy, porque si no en este momento él
estaría al borde de la desesperación como Ron.
Pero
aun después de todas las malas caras de los Weasley al enterarse de que Rose
estaba con Malfoy padre, ellos aceptaron, no, no lo aceptaron, pero por lo
menos soportaban un poco más al rubio.
***
—Se
demoró mucho, señora Malfoy —dijo Draco, pasando sus brazos por la cintura de
Rose, mientras llenaba de besos su terso y blanco cuello.
Draco
y Rose se habían casado cuando ella tenía cinco meses de embarazo. Ron se negó
rotundamente al enterarse de que su hija quería casarse con Draco, él aún tenía
la esperanza de que su hija dejara a Malfoy por uno más joven, pero sus
esperanzas se vieron truncadas cuando Hermione lo regaño diciéndole que era un
egoísta y solo pensaba en él y no en la felicidad de su hija y su nieto —Ron se
estremeció al caer en la cuenta de que su nieto sería un Malfoy— así que una
vez más Ron tuvo que aceptar la decisión de su hija, aunque no lleno de dicha.
Rose
soltó risitas al hacerle cosquillas la respiración de Draco.
—Solo
estaba verificando que Serpens estuviera cómodo —respondió Rose dejando escapar
un gemido al sentir la mano de Draco debajo de su seno derecho.
Serpens
Malfoy, era el segundo hijo de Draco y el primer hijo de Rose, había nacido
hace cinco meses. Y era un niño tan rubio y pálido como su padre, pero con la
única diferencia de que el niño no tenía los clásicos ojos grises como todo
Malfoy, sino que tenía los ojos azules como los Weasley, pero no un azul común,
sus ojos eran igual de vivaces y brillosos que los de su madre.
—¿Y
está bien dormido? —preguntó Draco, con voz ronca.
—Sí
—suspiró Rose.
Draco
sonrió de lado.
Y
de un momento a otro, Rose ya se encontraba sobre la cama matrimonial
completamente desnuda y Draco igual de desnudo, estaba sobre ella, haciéndole
el amor a su esposa lenta y dolorosamente, demostrando así que ella era solo de
él y él era solo de ella. Y así estarían demostrándose su amor toda la noche o
al menos hasta que el llanto de Serpens los interrumpa.
Draco
se sentía feliz, feliz consigo mismo, ya que estaba vez si había luchado por el
amor. No le importo lo que dijeran sus padres, o mejor dicho no le importo lo
que dijera su padre y el padre de Rose, él lucho, lucho por ella, por la mujer
que ahora estaba bajo su cuerpo gimiendo de placer.
—Te
amo, Rose —susurró Draco en el oído de su esposa.
—Y
yo te amo a ti, Draco —contestó Rose, en el mismo tono de voz que uso él.
Y
siguieron amándose, amándose hasta el cansancio, aunque en realidad ellos nunca
se cansarían de amar.
Fin

una pareja inusual, pero definitivamente la trama me gusto mucho, realmente eres un escritora genial, espero muy pronto tener noticias tuyas
ResponderEliminarbesos ♥
Gracias por comentar, Claudia, y si tienes razón Draco y Rose son una pareja inusual, pero igual quise escribir algo sobre ellos, porque me imagine cual sería la reacción de Ron al enterarse de que su hija tenía una relación sentimental con su enemigo de la escuela.
ResponderEliminarDe todas maneras me agrada que te guste como escribo y si tendrás noticias mías muy pronto
Saludos