sábado, 19 de marzo de 2016

El Informe del Forense


Hermione caminaba muy sonriente por las oscuras calles de Londres muggle, no llevaba su varita con ella —un grave error, del cual muy pronto se lamentaría— ¿para qué?, si desde hace dos años todo esa guerra había terminado, ahora eran épocas de paz, todos los mortífagos estaban en Azkaban pagando su condena.
Pero no era momento de hablar de esas escorias. No, ahora que Hermione se encontraba muy feliz, y eso se debía a que Draco Malfoy le había pedido matrimonio, y ella llena de amor había aceptado, sin titubear. Cada cinco segundos miraba el anillo que Draco le había dado para sellar su compromiso —un hermoso anillo con diamantes y en el centro una esmeralda— aun no podía creer que todo eso esté sucediendo, así como tampoco creyó cuando hace dos años vio a Draco Malfoy acercarse a ella, pero esta vez no era para insultarla, si no para pedirle perdón por todos esos años de malos tratos.
Nunca se imaginó que luego de las disculpas del rubio, empezarían con las salidas como amigos, cada vez más constantes, hasta que llego el punto que ninguno de los pudo aguantar más el amor que sentían el uno por el otro. Y ahí estaba ella, felizmente comprometida con Draco, y lo mejor de todo era que sus amigos lo habían aceptado. La castaña se sentía en las nubes.
Hasta que una voz la hizo bajar de ellas.
—Hermione Granger —esa voz se le hizo muy conocida a la castaña.
—¿Quién eres? —le preguntó a la sombra.
Una risita socarrona fue su respuesta. Y saliendo de entre las sombras, fue cuando lo reconoció.
—¿Tú?
—Vaya, veo que aún me reconoces —dijo caminando hacia ella—, me entere que tenías una relación con Malfoy.
—Eso a ti no te importa —dijo Hermione con enojo.
—Claro que me importa, todo lo que tenga que ver contigo me importa —Hermione decidió alejarse de él, pero apenas trato de dar un paso, una mano la tomo del brazo—. Suéltame —exigió.
Hermione empezó a forcejear y en una de esas, el hombre noto su anillo.
—¿Te vas a casar con un mortífago? —preguntó con reproche.
—¡Sí! —contestó Hermione firmemente.
El hombre saco su varita y la apunto en el cuello.
—No lo vas hacer, antes te mato —la amenazó. Hermione lo miró horrorizada, estaba indefensa, no tenía su varita y no había nadie quien pueda ayudarla de un mago.
Hermione no tuvo tiempo de contestar, solo sintió el muy conocido tirón en el ombligo y cuando abrió los ojos, vio que estaba en un bosque. El hombre la aventó al suelo sin consideración, haciendo que la chica se golpeé fuertemente el cuerpo. Luego él se agachó junto a ella, Hermione trato de alejarse, pero él fue rápido y la tomo del cuello y volvió apuntarle con la varita.
—Me rechazaste a mí, por ese mortífago. No voy a permitir que te cases con ese —Hermione cerró los ojos, pensando en una forma de librarse de él—, te voy a matar —susurró en su oído, y Hermione se estremeció, era su fin—, pero antes —paso su varita por el centro de los pechos de la chica, Hermione al sentir ese contacto abrió los ojos.

Ella luchó con todas sus fuerzas,
Pero más lucho aquel cafre para abrirle las piernas

Hermione forcejeó para librarse de él, no iba a permitir que la violase, en un descuido de él, ella logro arañarle el cuello, pero fue peor para ella, porque él con una sola bofetada la atonto. Este aprovecho para arrancarle la blusa, los botones salieron volando y cayeron en todas direcciones, Hermione volvió a defenderse y le cayó otra bofetada, que la dejo sin fuerzas, el hombre aprovecho para desnudarla completamente.
—¡NO! —gritó la castaña cuando sintió que el hombre se apoderaba de uno de sus pezones con fuerza, haciéndole sentir mucho dolor.
Y así siguió, hasta que escucho la cremallera del pantalón del hombre bajarse, Hermione trato de alejarlo con débiles golpes.
Pero fue demasiado tarde. Lo había logrado.
La castaña sintió como la desgarraban por dentro con esa primera envestida, y luego de esa primera embestida siguió otra y otra. Hermione sentía que le faltaba el aire, no podía pensar con claridad, solo oía las respiraciones del hombre sobre ella, ese desalmado no dejaba de embestirla con fuerza.

Ella creyó que nada era cierto
Que todo era un engaño, que aquello era un infierno.

No, no, no, no, no me puede estar sucediendo esto a mí, pensaba la chica. Se negaba a creerlo. Ella que había estado guardo su virginidad para su noche de bodas, soñando que Draco fuera el primer y último hombre en su vida, para nada, y hasta esa misma tarde Draco había querido hacerle el amor, pero ella le dijo quería que esperaran hasta la noche de bodas, que tonta había sido, porque si hubiera accedido, ahora ella se encontraría en los brazos de su prometido, y no ahí, en medio del bosque, siendo violada, rompiendo su alma en mil pedazos.

Y aquel hombre diablo, vestido de sufrimiento
Ay, empapado en descaro, cómplice del silencio.

Hermione no quería abrir los ojos y encontrarse con el hombre que la estaba torturando. Tenía miedo, ella sabía que luego él la mataría. Y nunca nadie sabría de ella. Nadie la volvería a ver. Pero aun así sería valiente para soportar lo que le esperaba, como toda una Gryffindor.
Cuando él salió de ella. Hermione no pudo hacer otra cosa que hacerse un ovillo y llorar. No quería verlo, pero aun así abrió los ojos y lo vio arreglándose sus ropas. Ahí estaba él, su violador, Cormac McLaggen. El hombre a quien ella había rechazado hace años, porque simplemente no lo amaba, pero ella no recordaba haber sido mala con él, es más le dijo de la manera más amable que ella solo podía ser su amiga, que eso era lo único que le podía ofrecer, su amistad. Pero él no lo acepto.
Ambos pares de ojos se encontraron, un par de ojos reflejaba dolor, mientras que los otros, reflejaban pánico, despreció, angustia y culpa.

La enterraron en vida y en aquel puto antro
Y lavó sus herirás, en su propio llanto.

McLaggen se acercó a ella, quien temblaba de miedo, le volvió a poner sus ropas y la arrastro hasta el corazón del bosque.
—Si vas a matarme, hazlo ya —dijo Hermione, sacando todas sus fuerzas para poder enfrentarlo.
—No quiero matarte —dijo él tomándola por la cintura y aspirando el aroma de la chica—, pero ya no puedo detenerme.
McLaggen conjuro un ataúd, el cual Hermione miró horrorizada. Negaba con la cabeza, es una pesadilla, se decía.
Draco te amo, espero que seas feliz, fue el último pensamiento de la castaña, porque luego sintió un golpe en la cabeza. McLaggen la cogió en brazos y la metió dentro del ataúd, el cual enterró a tres metros bajo tierra.
—Yo no quería esto para ti, Hermione —susurró McLaggen en la tumba de la chica.
Luego de varios minutos, Hermione despertó, todo estaba oscuro, se sentía confundida, no sabía en dónde estaba, solo se daba cuenta que estaba en un lugar sumamente limitado, pero luego los recuerdos llegaron a ella como una avalancha. Recordó a McLaggen, él la había enterrado en vida. Hermione empezó a llorar desesperadamente, no podría salir, y le dolía los pulmones por querer respirar, pero no podía, se estaba asfixiando. Desistió de gritar, no servía de nada, porque nadie la escucharía. Se maldijo mil veces por haber sido tan descuidada y no llevar siempre su varita con ella.
Draco, Harry, Ron, Ginny, los Weasley, y sus padres, ahora Hermione no lloraba por ella sino por todos sus seres queridos. Sus seres queridos que ya nunca más vería.
El aire se le acaba, su único deseo era que Draco lograra ser feliz con alguien más y que McLaggen recibiera su merecido, que lo castigaran por sus actos.

El informe del forense dice que no hay violación
Que no hay prueba de que aquel hombre le bajara el pantalón
Y el secreto de sumario ya cerró la investigación
Porque encontraron pinchazos… en el brazo…
Y el caballo la mato…

Draco aún no podía creer que su Hermione ya no estuviera con él. No podía creer que nunca más escucharía su risa ni vería esa mirada llena de amor que siempre le dedicaba. Parado ahora frente a su tumba, llorando como nunca pensó llorar por alguien. Acaso ese era su castigo por haber sido una mala persona, porque si era así, pues era demasiado castigo para él.
Él hubiera comprendido que hubiera muerto en la guerra contra Voldemort, luchando como toda una Gryffindor. Pero no, no había muerto en una guerra, a Hermione la habían matado antes de haberla violado.
Las lágrimas no solo caían de unos ojos grises, sino también de unos ojos verdes esmeraldas, azules y castaños. Todos los amigos y familiares de la chica también estaban ahí dándole su último adiós.
La habían encontrado muy tarde, dos semanas después. Harry fue a la casa de los padres de la castaña para ver si había noticias sobre ella, pero los señores Granger muy desconsolados le dijeron que no, y él al momento de salir de la casa Granger, el perro que ellos poseían se escapó, Harry no lo entendía, pero fue tras el perro, y grande fue su sorpresa cuando el perro paro en el bosque, y empezó a oler todo, Harry vio entre la grama, algo que brillaba, y lo cogió. Era un anillo de compromiso. Anillo que Draco le había mostrado, ese era el anillo de compromiso de Hermione. Le mando un patronus a Draco.
El rubio inmediatamente fue donde estaba Harry, y rápidamente reconoció el anillo, y no solo eso, Draco se dio cuenta de los botones de la blusa de la castaña estaba tirados por todas partes.
El perro siguiendo olfateando el bosque, hasta que llego al corazón del bosque y ahí, vieron la tierra removida.
Y cuando desenterraron, encontraron al fondo un ataúd. El cual sacaron. Y al abrirlo quedaron horrorizados.
Ahí estaba ella, con la ropa destrozada, tenía los ojos abiertos, arañones en los brazos y abdomen, restos de lágrimas secas en sus mejillas y estaba tan blanca como la cal.

Él confesó, que lo había hecho
Y basaba su triste defensa
En que estaba muy puesto.

McLaggen no podía vivir tranquilo ni de día ni de noche, después de esa atrocidad que le había hecho a la supuesta chica que amaba. Por el día sentía que lo seguían, y en las noches la veía a ella, siempre llorando, acusándolo silenciosamente.
No lo aguanto más y se fue a entregar al Ministerio.
Al instante llamaron a Draco, Harry, Ron junto con su hermana, para que escucharan la confesión.
Draco quería matar a McLaggen en ese mismo momento, como se había atrevido esa escoria a hacerle eso a su novia.
Lo iba a matar, pero Harry y Ron lo detuvieron en el instante en que sacaba su varita.
—Suéltenme —exigió el rubio—, ¡él la mato! —gritó.
—Acaso crees que nosotros también no queremos matarlo —dijo Harry—, pero debes controlarte.

Verá señor juez, si no hubo ensañamiento
La mate en el momento, en que desgarraba…

Y lo peor de todo era que ese desgraciado había intentado defenderse, como podía ser tan estúpido. Y cuando el juez le pidió que contara todo, Draco creyó que no podría sopórtalo más. Ginny lloraba en el pecho de Harry y Ron tenía las mismas intenciones de Draco, lo mismo que Harry.

Su piel con mis dedos, su alma con mis miedos
Si en la misma luna se oían sus lamentos.
Yo no pude hacer nada, si ella lo iba pidiendo
Y si en algo ayuda, diré que lo siento.

Draco ya no aguanto más se abalanzó sobre él, ahora ni Harry ni Ron lo detuvieron, y él lo golpeo a lo muggle. Como se atrevía a decir que Hermione lo iba pidiendo, era una maldita escoria, le había arrebato al amor de su vida, y McLaggen tenía el descaro de decir que lo sentía, que en realidad no quería hacerlo, que la amaba, y eso lo causo que el rubio sacara su varita y le lanzara varios crucios.

El informe del forense dice que no hay violación
Que no hay prueba de que aquel hombre le bajara el pantalón
Y el secreto de sumario ya cerró la investigación
Porque encontraron pinchazos…
En el brazo…
Y el caballo la mató…

Y ahora él estaba ahí como todos los años, llevándole a su tumba rosas blancas y rojas como a ella le gustaba.
Pero lo peor de todo era que cuando McLaggen iba a ser traslado Azkaban, su familia lo ayudo a escapar, habían pagado para que cambiaran la declaración, haciendo quedar como un desquiciado que no merecía ir a prisión, y ahora estaba desaparecido. A los del Ministerio no le importo que la víctima haya sido una de las heroínas de guerra, que gracias a ella ahora podían vivir tranquilos, pero no, con tal de llenar sus bóvedas de oro, no les importo.
Draco sabía que nunca sería feliz sin ella, y que ella nunca descansaría en paz hasta que ese McLaggen tuviera su merecido. Ahora la única misión que tenía era encontrar al maldito de McLaggen y matarlo con sus propias manos, así se pasara toda su vida en Azkaban.

Y el caballo la mató, y el caballo la mató
Y el caballo la mató, y el caballo la mató
Y el caballo la mató, y el caballo la mató
Y el caballo la mató, y el caballo la mató

  
Fin

No hay comentarios:

Publicar un comentario