miércoles, 5 de abril de 2017

Capítulo 2: Forks

 

POV Renesmee
Cuando arribé Forks, ya se notaba el cambio en el aire. Era puro, fresco y nuevo. El olor a bosque llenaba mis pulmones de una manera agradable. Todo era muy “verde”, ahora entendía la pregunta de mi madre para con su antiguo lugar de residencia. Cada árbol del lugar presentaba en sus troncos, el musgo húmedo característico de zona. Y por supuesto el clima era como afirmaba mi abuelo, el cielo encapotado con nubes grises, cubría cada pedazo del firmamento, tornándolo algo sombrío y misterioso. Y por supuesto una fina lluvia caía al momento de mi llegada.
La casa del abuelo Charlie se conservaba igual a como se la veía en las fotografías que enviaba cada tanto a Montana. Al atravesar la puerta de aquella casa rustica, nos recibió Sue, la ahora esposa del abuelo Charlie. Ella dibujo una contagiosa sonrisa, al abrir la puerta. Saludo a mi abuelo con un fuerte abrazo y un tierno beso en la mejilla, parecían muy felices de verse.
Luego se acercó y también me abrazo.
—Bienvenida, así que tú eres Renesmee, la hija de Bella —murmuró.
—Esa soy yo, mucho gusto —dije tímidamente.
—Igualmente. Llevo mucho tiempo oyendo historias sobre ti, ven toma asiento —me indicó acompañándome a la sala.
El abuelo tomo mi maleta y la llevo al cuarto que en un tiempo había sido de mi madre. Sue se perdió unos minutos en la cocina y trajo una jarra de té helado, algunos bocadillos salados. Nuevamente se sentó enfrente de mí con una gran sonrisa.
—¿Qué te parece mi niña, Sue? —preguntó mi abuelo al bajar por las escaleras.
—Es muy hermosa, y se parece mucho a tu hija, hasta creo que tiene los mismos ojos —mencionó señalando una vieja fotografía de mi madre, cuando aún era humana que estaba sobre un aparador.
—Muchas gracias —susurré.
—Cuéntame, Renesmee, ¿cuánto tiempo vas a estar con nosotros?
—Unos días, tal vez cuatro o cinco.
—¿Y por qué tan poco tiempo? Es la primera vez que llegas al pueblo, sin mencionar lo contento que has puesto a tu abuelo al acompañarlo a casa —me cuestionó Sue.
—Sucede que tengo que continuar con mis estudios, solo me quedan unos meses para terminar el instituto.
—Oh… claro, pero supongo que regresaras después, ¿no? —me sonrió.
—Eso espero…
Esa noche, Sue preparo una abundante cena. El plato principal, era uno de los favoritos de mi abuelo Charlie: pastas caseras con crema blanca. Mi abuela Esme, se destacaba por ser una gran cocinera, a pesar de no degustar sus propios platillos. Sin embargo, Sue no se quedaba atrás. Claro que en preferencias, siempre prefiera mi dieta principal de sangre. Soy mitad vampiro, y esa parte de la familia siempre se ha impuesto, pero tolero muy bien los alimentos “normales”.  Después de la cena, trajo un postre de vainillas, también el favorito del abuelo.
Fuimos nuevamente a la sala, y mientras el abuelo miraba los deportes, me quede conversando un poco más con Sue.
Le conté que tenía una amiga en Forks, a la cual visitaría en estas minis vacaciones, además hable sobre mi escuela, las clases que tomaba allí, mis presentaciones y todo lo que me gusta hacer en mi tiempo libre.
Sue se interesó por mis padres y del resto de mi familia. Era un placer poder hablar con libertad sobre ellos. Por lo general tenía que crear historias para guardar las apariencias. Mis padres parecían mis hermanos mayores en lugar de mis progenitores. En fin, ella era una persona muy amable y cálida conmigo.
Al final del día, Sue me acompaño al que iba a ser mi cuarto por los días que durara mi estancia allí.  Mis sentidos más desarrollados que un humano común, detectaron la pintura fresca en las paredes. Las telas de las cortinas al igual que las sabanas y frazadas eran nuevas. Mi abuelo Charlie me había explicado que esperaban por la visita de Leah, la hija de Sue, pero a último momento no había podido viajar con su esposo. Seria yo quien estrenara el renovado cuarto de invitados.
Me acosté enseguida en mi cama, luego de un baño caliente. Si bien el viaje no había sido muy largo, me encontraba agotada mentalmente. Muchas cosas daban vuelta por mi mente. Había tanto por descubrir, tantos lugares que visitar según Sue. Quería hacer todo como siempre.
Mañana iría a casa de Caroline.

POV Jacob
Desperté con una resaca terrible. Mi habitación daba vueltas cuando enfoque la mirada en techo de madera. Primero venia el mareo, luego el palpitante dolor en mi cabeza.
Por qué demonios tome tanto, pensé.
La esbelta figura que reposaba a mi lado, gimió y se removió pasando su brazo encima de mi pecho. Intente moverme lentamente para no despertarla, levante su brazo despacio y trate pasar por debajo.
—¿Adónde crees que vas? —musitó abriendo sus ojos de repente.
—Lo siento, no quería despertarte —susurré apartando unos mechones negros de su rostro. Los coloque detrás de su oreja y besé su frente.
—No es lo que pregunte —dijo besando mi clavícula.
—Primero pienso ducharme, luego vestirme y más tarde ir a trabajar.
Me incorporé y tome mi bóxer del suelo.
—¿Por qué no te tomas el día libre, Jake?, está lloviendo y seguro hace mucho frío. Podríamos calentarnos mutuamente, ¿no crees? —agregó mordiéndose el labio.
La idea era interesante, sin embargo, no podía perder una reunión con un cliente que me dejaría una buena comisión.
—Maia, no sé si sabrás, pero algunos tenemos que trabajar para vivir.
—Solo un día, sabes… podemos pasarla muy bien —insistió quitándose la sabana para mostrar su exuberante cuerpo desnudo.
—¿No te parece que con lo de anoche fue suficiente?, aprovecha y duerme un poco.
—Como quieras, eres un aguafiestas —dijo ofendida mientras volvía a taparse.
Suspiré y me acerque a ella, sentándome a su lado.
—Escucha, ya hablamos sobre esto, tengo mis prioridades y en este momento, es el trabajo, cuando salga te prometo que te busco y vamos a algún lado.
—Siempre es lo mismo —respondió esquivando mi mirada.
Las mujeres histéricas no eran mi fuerte, y Maia tenía un don para pasar de una mujer ardiente a una que no querías ver por una semana entera. Me aproxime a la cama y la atraje a mis brazos. Acaricie su enmarañado cabello y besé su frente.
—¿Un beso en la frente? ¿Qué soy, tu hija? —pregunta enojada.
Negué con la cabeza al tiempo que besaba sus labios tiernamente. Lo que comenzó como un beso corto y tierno no tardo en volverse salvaje y frenético de su parte. Maia enredo sus dedos en mi cabello y abrió su boca buscando mi lengua. Respondí a su beso, no quería que se enfadara más de la cuenta y tampoco era de inmune a mis instintos. Pero minutos más tarde cuando pretendía finalizar la sesión de besos apasionados, se aferró más a mi cuerpo, para comenzar a descender por mi cuello con besos cada vez más frenéticos.
—Quédate conmigo, Jacob.
Sacudí mi cabeza y reprendí una sonrisa. Esta mujer debería tener las hormonas revolucionadas. Apenas si había dormido algo la última noche cumpliendo cada una de sus “exigencias”. Más amable de lo normal, tome sus manos y me aleje poco a poco de ella mientras sonreía con picardía.
—Perdón, de nuevo, pero me tengo que ir.
—Tú te lo pierdes, no voy a rogarte —gruñó.
Media hora más tarde, mi auto se movía veloz por la carretera. Me dirigí a las afueras de la ciudad, al taller donde trabajo medio tiempo cuatro días a la semana.
Mi celular vibro sobre el asiento del acompañante. Un mensaje de Maia.

“A pesar de tus malos tratos y falta de atenciones, prepararé tu almuerzo favorito”

Deje el celular en el mismo lugar y me pregunte por qué no sonreía de manera estúpida como lo hacía Seth al recibir un mensaje de su novia.
Mientras manejaba, reflexione sobre mi solitaria vida. Porque a pesar de estar saliendo con Maia, desde hace un tiempo, algo no encajaba, algo no me dejaba ser feliz completamente. La pasábamos bien, compartíamos gustos como los autos, amistades, salidas y por supuesto es muy apasionada en la cama.
Es una mujer muy bella. Dueña de un cuerpo envidiable, un cabello negro como la noche, que contrasta con su piel blanca y unos ojos grises muy bonitos.
No obstante, no lograba entregarme completamente a nuestra relación.
No sabía la razón, tal vez fuera la bendita imprimación, que ya casi todos habían atravesado.
Uno de los últimos era Seth, hace casi un año que sale con Caroline, una chica estupenda, muy amable y divertida, además de bonita. Estoy muy contento por él, aunque a veces lo molesto y le digo que se comporta como un desquiciado. A lo que Seth responde con una sonrisa y luego dice que le encanta ser un desquiciado enamorado.
Otro aspecto de mi vida para analizar era mi partida de la manada de Sam. Para hablar con sinceridad estaba harto de que quisiera controlar mi vida. Con la marcha de Bella después de su casamiento, me volví un completo amargado, no aguantaba a nadie. Lo mejor fue dejar su manada, abandonar mi casa y e irme a vivir solo, no muy lejos honestamente. Solo a dos kilómetros de la Push.
Otro factor que ayudo a tomar la decisión de alejarme de mi vieja casa, fue Paul. No estaba de ánimos para soportarlo en mi sala todo el día. Maldita suerte la mía, el idiota se imprimo de mi hermana Rachel. Era algo sumamente molesto ver lo meloso que se había puesto con ella.
Necesitaba mi propio espacio urgente.
Por consiguiente mi título alfa tuvo que surgir y con ello la creación de otra manada. Seth y Leah fueron los primeros en unirse. Más tarde Quil y Embry.
Un tiempo después Leah se marchó a vivir a Canadá, gracias a su impronta. El acontecimiento fue muy bueno ya que todos sabíamos cuánto había sufrido por Sam. De manera que no impedí que se fuera, merecía ser feliz.
Con todo el revoltijo que tenía en mi cabeza, manada nueva, hogar diferente, montar mi taller, y otras cosas. Al principio no tome mi puesto como líder, como era debido. Pero en un tiempo, superado mi mal genio, más o menos dos años después, decidí que era tiempo de dejar de lamentarme y ser una piltrafa andante. Tenía que seguir adelante y tomar las riendas de mi vida.
Hable con Sam y dividimos los perímetros y horarios de vigilancia. Fue gratificante consolidarme con esa parte para mí mismo.
Salía con los chicos o nos juntábamos en la Push. Compartíamos viejas tradiciones y creábamos nuevas. Prácticamente todo volvió a lo que se podría llamar normal.
Cuando llegue al taller mi primer cliente me esperaba. Se le veía muy contenta, con una enorme sonrisa en su rostro.
—Hola, Caroline, ¿qué hay?
—Hola, Jake, todo en orden. Solo quería un cambio de aceite para mi coche.
—Ahora mismo te atiendo.
—Ok —sonrió.
—Se puede saber, ¿por qué se te ve tan contenta?, me imagino que va todo bien con Seth, ¿no?
—De maravilla… Pasa es que hoy vendrá a visitarme una gran amiga, hace más de un año que no la veo.
—Que bien. ¿Y de dónde es?
—Montana, vino a visitar a su tío y de paso, por supuesto a su amiga –agregó.
—¿Se conocen hace mucho? —pregunté mientras revisaba su coche.
—Hace tres años, estudiábamos juntas, pero tuve que mudarme y solo hablamos por teléfono o nos vemos por el chat.
—Bueno, aparentemente, está todo correcto. Cambie el aceite y quedo listo.
—¿Cuánto te debo?
—No es nada, déjalo.
Puso los ojos en blanco, mientras negaba con la cabeza.
—¿Cómo que no es nada?
—No insistas, porque no te voy a cobrar.
—Si sigues así vas a fundir el lugar, Jake —aclaró con el ceño fruncido.
—No te preocupes me desquito con el próximo cliente
Ella se quedó pensando un momento.
—No dejaré que te aproveches de otros, así que ya se lo que haremos.
—¿Qué? —entrecerré los ojos.
—Mañana es mi cumpleaños, pensaba hacer una salida de chicas, pero pensándolo bien, ven, le diré a Seth que invite a los otros chicos y así conocerás a mi amiga.
—Suena bien —murmuré.
—Entonces es un hecho nos vemos mañana.
Caroline se despidió, mientras subía a su auto.

POV Renesmee
Desperté, cerca de las 9 de la mañana. El abuelo Charlie hoy tenía el día libre, así que desayuno con Sue y conmigo. Comimos cereal, frutas y jugo de naranjas. Para fortuna de mi abuelo, desde que se casó, su dieta mejoro mucho, ya que en su casa alguien cocinaba de forma saludable y no solo huevos y tocino, como el solía hacer. Cuando terminamos Sue se marchó a realizar algunas compras, para llenar la despensa.
Más tarde, el abuelo se ofreció a llevarme a casa de Caroline. Pensaba tomar un taxi, pero se negó rotundamente, ya que ella vive a las afueras de Forks. Y como el conoce lugar no fue difícil localizar su casa.
Llegamos a aquella casa de enorme jardín, cerca del mediodía. El abuelo luego pasaría a recogerme en la noche. Su jardín delantero era enorme, lleno de flores de variadas especies y colores. Mentalmente recordé que tenía que fotografiar este bello paisaje.
Llegue a su puerta y toque el timbre, Alan, su hermano fue quien me recibió.
—Desde cuando la princesa, buscan a su príncipe en su castillo —bromeó.
—Ya que el príncipe no va en mi búsqueda… —le sonreí.
Se acercó y me abrazo muy fuerte. Después dio un paso hacia atrás para poder verme mejor.
—Vaya… cada día estás más hermosa.
—Gracias, y tú supongo que tienes a muchas chicas desesperadas por ahí.
Se encogió de hombros.
—Podría ser, pero no a la que me interesa —dijo alzando una ceja y con una sonrisa pícara en su rostro, a la vez que me indicaba que pasara dentro.
Realmente no bromeaba, Alan es muy guapo, con su rubio cabello despeinado, sus ojos castaños y ese rostro que siempre estaba acompañado con una sonrisa que contagia a todos. Él es alto y atlético, pero su físico quedaba opacado un gran sentido del humor.
Nos llevamos muy bien era un gran amigo, aunque a veces, pereciera lo contrario, ya que continuamente nos estamos coqueteando, pero para nosotros era solo un juego.
Caroline bajo las escaleras corriendo, en cuanto me vio.
—¡Renesmee! —gritó mientras me abrazaba y me quitaba el poco aire de mis pulmones.
—Hola, Caro, tanto tiempo sin verte, amiga, ¿cómo va todo?
—Oh, genial, tengo tantas cosas que contarte, ven vamos a mi cuarto.
Subimos a su habitación y nos sentamos en el piso. Luego de pelear con mi amiga un par de segundos, se marchó al club con sus amigos.
Teníamos mucho de qué hablar, nos pusimos al tanto sobre nuestra familia, la escuela, su primer año en su nueva casa, el pueblo y otras cosas.
Alan llego minutos más tarde con una enorme bandeja llena de comida. Reprendió a Caroline por su falta de hospitalidad al no ofrecerme nada, a lo que ella respondió con un almohadón en su cabeza.
—Y dime, Caro, ¿cómo te va con tu príncipe azul?
Caroline suspiró, y sus ojos se iluminaron a la vez que una gran sonrisa aparecía en su rostro.
—Muy bien, más que bien.
—Se te ve bien enamorada. ¿Dónde la conociste?
—En el taller de un amigo suyo, lleve el auto de papá para que lo arreglaran, y ahí estaba él. No me quitaba los ojos de encima.
—¿Y?
—Tuve que dejar el auto varios días, y cuando lo fui a retirar, daba la casualidad que él estaba allí de nuevo, comenzamos a hablar y me invito a salir, acepte, fuimos a tomar un café y a partir de ese momento no nos separamos más —suspiró de nuevo recordando su historia.
—Que interesante… y que le habrá puesto al café, para que estés con esa cara —la moleste.
—Eres una tonta —dijo lanzándome un almohadón—. Lo que pasa es que no lo conoces, es muy dulce, me trata como a una reina, y cuando me mira —suspiró de nuevo—. No se… Me encanta.
—¡Wowww! ¡Esto sí que es grave! —me carcajeé.
Caroline me miró con los ojos entrecerrados.
—Ya verás cuando te lo presente.
—Ok, solo espero que no olvides que soy tu amiga y te conocí primero, tengo más derecho por antigüedad —le aclaré.
—Por supuesto, que no lo olvidare, y dime, ¿tienes algún enamorado escondido por ahí?
—Todavía no me contagie con tu enfermedad —me burlé.
—Ya quisieras tener mis síntomas —murmuró sacándome la lengua.
El resto de la tarde vimos unas películas, algunas fotografías de su nueva escuela, de su novio y sus amigos.
Me llamo la atención, que todos eran grandes, incluso Seth.
—Es mayor que tú, ¿no?
—Tiene 22 años.
—¿Tus padres no pusieron el grito en el cielo cuando se enteraron?
—Al principio no les gusto la diferencia de edad, pero cuando lo conocieron eso no les importo, Seth es muy maduro y responsable.
Miré con atención la fotografía. El lugar era muy bonito.
—¿Dónde fue tomada la foto?
—En La Push, una reserva a pocos kilómetros de aquí.
—Se ve muy bonita.
—Si quieres puedes conocerla antes que te marches.
—Sería estupendo. Cuéntame, ¿quiénes son todos?
Caroline me nombro a todos los que estaban en la imagen:
—Son Jared, Kim, Emily, Sam, Seth, yo, Embry, Quil, Claire, Maia, Colin, Sara y Brady. Falta Jake, pero bueno alguien tenía que tomar la fotografía —se rió.
Todos los muchachos se parecían bastante, tenían la piel bronceada, altos en su mayoría, y corpulentos.
—Parecen que son buenos amigos.
—Si son muy unidos, como hermanos.
Terminamos el día cenando unas pizzas y tomando unos refrescos. Luego mi abuelo pasó por mí.
—¿Qué tal tu día cariño?
—Muy interesante, mañana saldré a festejar el cumpleaños de Caroline y conoceré a un par de amigos.

viernes, 25 de marzo de 2016

Capítulo 1: Regalo


POV Renesmee
—¡Renesmee!, alguien vino a visitarte —la estridente voz provenía de la sala de mi rústica residencia.
Abrí la puerta de mi habitación y corrí a una velocidad poco normal para un humano cualquiera. Sin embargo, pero no tenía que preocuparme ya que estaba en mi lugar seguro y podía ser yo misma.
Cuando mis pies se posaron en el suelo de madera de la sala,  me encontré con una personita muy personal para mí: Mi abuelo Charlie.
—¡Abuelo! —grité saltando a sus brazos ya listos para abrazarme. Si no fuera porque mi madre se encontraba a su lado, lo hubiera arrojado al suelo con mi efusivo abrazo.
—¡Renesmee, cuidado! Tu abuelo no es tan resistente como nosotros —me recordó intentando sonar severa.
—Upss… lo siento, mamá. Perdón, perdón, abuelito.
—Descuida, mi niña, tampoco soy tan frágil para no disfrutar del abrazo de mi nieta preferida —me sonrió elevando su bigote
—Eso será porque soy tu única nieta —le aclaré besando su mejilla. El bigote me produjo cosquillas en mi piel, como era frecuente
La casa resplandecía con las decoraciones de mi tía Alice. Me había desvelado hasta muy entrada la madrugada para decorar cada rincón. Sin duda, era una buena aprendiz y casi podía superar a mi tía en lo referido organización de eventos.
Hoy trece de septiembre, celebrábamos el cumpleaños de mamá, y como  ya una marcada tradición en estos últimos años, el abuelo Charlie se escapaba para  visitarnos.
Mi abuela Esme, acerco unos bocadillos a la sala. Charlie tomo asiento y me acurruque a su lado. Papá y mamá, se ubicaron en frente con sus manos enlazadas. El resto de mis tíos y abuelos se dispersaron a nuestro alrededor, en tanto ponía al tanto al recién llegado de las últimas noticias.
Mi mente, como en tantas oportunidades se remontó tiempo atrás. En aquella oportunidad, tenía un año de vida y en apariencia unos cinco. Como hoy,  festejábamos el primer año como inmortal de mi mamá y con mi inocencia cometí una gran imprudencia.
Tía Alice, como lo marcaba una de sus vocaciones, se encargó de hacer una gran fiesta. Decoro, toda mi casa, con velas blancas y flores del mismo color. El lugar quedo precioso con ese aroma y la débil luz. Ese día había muchas personas importantes. Amigos y parientes que solían acompañarnos en fechas destacadas. Desde Alaska acudieron mis tíos: Tanya, Irina, Kate, Eleazar y Carmen. De Brasil, asistieron Huilen y su sobrino Nahuel, además de algunos amigos lejanos de la familia.
Fue una de mis celebraciones favoritas. Recuerdo haber bailado mucho con todos y probado bocadillos deliciosos. La fiesta era perfecta, a pesar que a mamá no le gustaban mucho y solía verla triste cuando se hallaba sola.
Días antes de la celebración mientras jugaba en el jardín trasero de la casa. Me encontré con mi mamá y tía Rosalie a unos metros de donde yo giraba y giraba sobre el césped.
No hizo falta que me acercara demasiado para oír la tristeza en la voz de  mamá. Mis sentidos eran poderosos y mi mente comprendía muy bien lo que me rodeaba.
—Extraño mucho a mi padre —susurró mi mamá.
—Bella, sabias que si escogías estar con Edward, tenías que abandonar muchas cosas, entre ellas a tus padres y a tus amigos.
—Lo sé… Y no me arrepiento. Solo son estas fechas, donde me pongo como una tonta melancólica, pero sé que él está bien y seguro.
—Por supuesto… y recuerda que no está solo.
—Eso si… es un alivio que Sue, allá entrado en su vida
—No tienes por qué preocuparte. Has lo usual, busca tu agenda y llámalo.
—Lo haré más tarde, tendré que decirle que sigo con exámenes en la universidad y no puedo visitarlo.
—Es lo mejor, Bella, y cambia esa cara antes que regrese Edward.
—Tienes razón. Gracias, Rosalie. Siempre estas aguantando mis tonterías de vieja humana
—Ni lo digas, para eso somos una familia.
En ese momento me sentí muy apenada por mamá y pensé en como devolver su sonrisa a su rostro. Corrí a su habitación, busque en su mesita de noche  y tome la agenda que le obsequió tía Alice. Dentro, se encontraban algunas fotografías. Entre ellas, las de mis abuelos Charlie y Reneé. Cuando localice el número del abuelo, no dude en llamarlo.
Todo era un juego para mí y era habitual con tío Emmett, practicar voces diferentes, cuando jugábamos a los investigadores. Tome un pañuelo de seda y como me había explicado, lo coloque en el auricular del teléfono. Le dije que era una amiga de la familia, intente  cambiar  la voz, aunque no  resulto muy bien al principio, parecía no creerme pero logre convencerlo. Le informe que estaba cordialmente invitado a la fiesta de cumpleaños de su hija.
Durante los días restantes para la celebración trate de cuidar mis pensamientos para que mi padre no se diera cuenta y estropeara mi sorpresa. Tía Alice, era una experta en eso y junto con tío Emmett, tenían mucha práctica para ayudarme a sortear la vigilancia de mi padre. Mamá y Papá, no deseaban que fuera una niña malcriada y constantemente, regañaban a mis tíos cuando sobrepasaban los límites en obsequios y travesuras. Los tres éramos un trío ejemplar para ocultar cosas.
El gran día llego. Todo se hallaba listo, mi madre me había comprado un hermoso vestido rojo, tía Rosalie peino mi cabello y lo recogió con un gran moño del mismo color de mi prenda nueva. Todos decían que era una muñeca o la princesita de un cuento.
El reloj marcaban las diez en punto tocaron la puerta. Aquella noche era  cálida y había muchas estrellas en el cielo. Papá y mamá, habían llegado hace cinco minutos de una última caza.  Tía Alice fue a recibir al misterioso invitado.
Y sucedió… un silencio interrumpió la algarabía, desatada tan solo minutos atrás.  Parecía que alguien hubiera detenido el tiempo. Solo se escuchó mi voz, cuando corrí hacia él.
—¡Abuelo, llegaste! —vocifere mientras abrazaba sus piernas. Él se balanceo con mi osadía y coloco una mano en mis rizos. Luego se quedó tieso ante me reacción.
—¿Papá? —susurro mi madre.
—¿Bella? —pronuncio sorprendido.
Luego bajo la vista para mirarme, y levantando una ceja y hablo.
—¿Abuelo?
Lo siguiente que recuerdo, fue una charla muy larga en la biblioteca.
Por supuesto, la fiesta acabo en ese mismo instante. Mis abuelos se disculparon con los invitados y ellos tuvieron que retirarse.
Yo me quede con tía Rosalie en la sala, me senté en su regazo y oculte mi cabeza en su pecho. Los demás no tardaron en acompañarnos, mientras esperábamos a que terminaran la conversación entre mis padres y el abuelo Charlie.
Suspiré muy fuerte mientras preguntaba:
—Estoy en problemas, ¿no?
—No debiste llamar a tu abuelito, Renesmee —respondió tía Rosalie.
—Quería darle una sorpresa a mamá —sollocé—. El otro día las escuche hablar en el jardín y ella estaba muy triste. Y ahora está enojada conmigo.
En ese momento no pude contener las lágrimas y comencé a llorar. Mi abuelita Esme, me abrazo y me pidió que me tranquilizara, mientras acariciaba mi espalda.
—No, Renesmee, no llores, tu madre te ama y no se enfadara contigo.
Suspiró.
—A veces pienso que tus padres deberían hablar más contigo sobre algunas cosas y explicarte para que se evitaran episodios como este.
—Edward, quiere mantenerla dentro de una burbuja y eso no es bueno para ella —exclamó tío Emmett.
—Edward y Bella son sus padres, Emmett, y saben bien cuando y en qué forma deberán hablar ciertos asuntos con Renesmee —afirmó el abuelo Carlisle.
—Solo digo que es bueno que Renesmee conozca todo lo que la rodea y como es nuestra realidad —musitó tío Emmett.
Después de casi una hora, mamá salió de la biblioteca. No pude evitarlo y salte de los brazos de mi abuela y anduve hacia ella.
—Perdón mami, es mi culpa, te quería dar un regalo de cumpleaños especial, pero hice todo mal. Y ahora estas enojada conmigo.
Mi madre limpio mis mejillas y me abrazo muy fuerte.
—No te preocupes, mi cielo, no estoy enojada contigo.
Luego tomo mi mano y me dijo que alguien quería conocerme. Entramos a la biblioteca, mi papá estaba sentado en uno de los sofás, su rostro permanecía sereno.
El abuelo Charlie en cambio estaba muy serio, de pie al lado del escritorio. Eso me asusto mucho y me escondí atrás de mi mamá.
De repente mi abuelo sonrió y me busco con la mirada cuando dijo:
—Hola, Renesmee, ¿no vas a saludarme?
Mi miedo se esfumo y corrí de nuevo hacia él, quien me tomo en sus brazos y me susurro al oído:
—Eres muy hermosa y es un placer conocerte.
Desde aquel día el abuelo Charlie se fue integrando poco a poco a nuestra vida. No pedía demasiada información, siempre dejaba en claro que con lo que ya sabía era suficiente. Nos visitaba dos o tres veces al año, todo dependía si el trabajo se lo permitía, y como hoy era el cumpleaños de su hija, nuevamente se encontraba con nosotros.
Mi abuelo nos habló sobre Sue, su trabajo y el pueblo. Mamá le pregunto sobre el clima, si seguía igual… “¿todo verde?”, como ella lo recordaba.
Todos sonrieron ante su pregunta.
—Sí, hija, eso no ha cambiado. Siempre es lo mismo, mucho verde, nubes por todo el cielo y mucha lluvia —declaró.
Respiré fuertemente y comencé a divagar en mi cabeza recordando, lo mucho que me gusta la lluvia. Adoro el sonido que produce cuando cae sobre el tejado cuando duermo. El olor del césped mojado  y el aire no son lo mismo después de llover. Simplemente todo es más puro.
Sin embargo, lo  que pone mis nervios de punta son las tormentas, los truenos me inquietan y a veces me provocan pesadillas.
—¿En qué piensas cariño? —musitó el abuelo Charlie.
—Quiero conocer Forks, sería un lindo regalo de cumpleaños atrasado, ¿no? —confesé esperanzada.
—Por mi encantado, todavía se encuentra a tu disposición la habitación que solía ser de tu madre. Sue y yo,  casi siempre estamos solos y nos vendría bien tu compañía.
—¡Genial! —grité emocionada—. ¿Puedo ir, mamá, papá?
Ambos intercambiaron miradas por un momento.
—Por favor… —supliqué utilizando ese parpadeo que me sacaba de problemas—. Además quiero ver a mi amiga, hace más de un año que Caroline se fue, y solo hablamos por teléfono. Sin mencionar que es unos días es su cumpleaños.
Papá entorno sus ojos de manera suspicaz.
—Hija hace tres días decidiste festejar tu cumpleaños con tus amigos de la academia, y si mal no recuerdo prometiste que este fin de semana lo celebrarías con nosotros. Alice tiene todo listo.
Tomé aire y miré a mi tía, con mi mejor cara de sufrimiento. Mi padre sonrió ante mi actuación.
—Tía… ¿verdad que a ti no te importa, no?
Me miró con sus ojos entrecerrados.
—Si me miras así… está bien —gruñó.
—Gracias, tía —exclamé abalanzándome sobre ella para abrazarla.
Y sin pensar dije:
—Te prometo que cuando regrese renovaremos juntas todo mi armario.
Mis palabras hicieron magia y una gran sonrisa surgió en su rostro.
—Está bien, ya lo prometiste —insistió.
—Por supuesto —le confirmé.
Abandone la sala y  corrí a llamar a Caroline, quien se puso muy contenta. Me aseguro que lo pasaríamos genial y celebraríamos juntas nuestros cumpleaños, aunque el mío ya hubiera pasado hace tres días.
El resto del día  deje mis locuras a un lado y pase un tiempo en familia. Vimos algunos videos de mis tantas presentaciones en la academia de arte a la cual asistía desde hace tres años.
—Eres brillante, Renesmee. Esa escuela es muy buena, tocas muy bien el piano y el violín —expresó con orgullo el abuelo Charlie.
—Gracias, abuelo, pero también es obra de las clases particulares que tomo con papá.
—No es cierto, cariño, eres muy buena alumna y tienes mucho talento —dijo mi padre.
Cuando terminaron mi concierto, empezaron mis presentaciones de baile, uno de mis pasatiempos favoritos desde niña.
—¿Qué clase de baile es ese? —pregunto el abuelo Charlie con el ceño fruncido.
—Es hip hop, abuelo.
—¿Y… se baila así con esos movimientos y esa poca ropa?
Me sonrojé ante su comentario anticuado. Podría hacer fila y unirse al club de papá.
Tío Emmett al ver mi reacción se carcajeo.
—¿Qué? Dije algo malo, o estoy ¿desactualizado? —inquirió el abuelo Charlie
—Para nada —habló el tío Emmett—. Es que Edward puso la misma cara cuando lo vio en vivo y en directo —esta vez su risa se escuchó por toda la casa.
—¿No eres muy chica, Renesmee para esa clase de bailes? —me cuestiono mi abuelo.
—Tú también no, por favor… ya tengo suficiente con que papá sea un controlador compulsivo.
—¡Hey!… eso no es cierto, solo me preocupo por ti —comentó el arrojando un almohadón a tío Emmett.
Puse los ojos en blanco, siempre trata de quitarle importancia a las cosas.
—¿Preocuparte? —sonrió mi tío—. Solo hace falta que le pongas una correa. Renesmee, cuando te marches aprovecha y pórtate muy mal. Se una niña con apariencia adolescente problemática. Tus padres siempre han sido muy aburridos.
—¡Cállate, Emmett! —gruño papá.
Mi tío Emmett continúo riendo y me guiñó un ojo. Nos llevábamos increíble, siempre cuando salíamos juntos, me dejaba hacer todo lo que quería.
—Bueno, Renesmee, hablando de la edad, ¿cuántos años cumpliste, cielo? Es que creces tan deprisa… —musitó mi abuelo.
—Oficialmente cumplí 7 años, pero en años humanos y según los documentos que consiguió mi tío Jasper, ya tengo 18 años. Puedo hacer lo que quiera —dije con gran satisfacción.
—Momento, señorita, eso no es cierto —refunfuñó mi madre.
—No he terminado, mamá. Puedo hacer lo que quiera, siempre y cuando sea prudente —aclaré.
—Recuerda lo que te dije —murmuró tío Emmett.
Mamá inmediatamente le lanzó una mirada furibunda, mientras volvía a sonreírle y sin que nadie me prestara atención, le guiñaba un ojo.
Continuamos hablando hasta bien tarde. Esa la noche mis tías acondicionaron la habitación de huéspedes para el abuelo Charlie. Cuando el sueño me reclamo salude a mi familia y me dirigí a mi cuarto a descansar. Realmente estaba muy agotada y no tenía muchos ánimos de preparar mi maleta, así que deje la tarea a una especialista: Mi tía Alice. Mañana temprano saldría al pueblo de mi abuelo.
Cuando desperté, todos ya estaban en el comedor o esparcidos en cualquier área de la casa. Mi madre se encontraba inmersa en una charla con su padre.
—Tu desayuno está listo —señalo la abuela Esme.
—Gracias, abuela.
Tome mi cereal y me senté  junto a los demás.
—¿Cómo están todos en La Push, papá?
—Muy bien, la verdad no se mucho, lo poco que conozco es a través de Seth.
—¿Y Leah?
—Se marchó a estudiar a Canadá.
—¿A Canadá? —preguntó desconcertada mi madre.
—Sí, conoció a un turista en la playa, hace unos meses. Fue algo repentino y se marchó con él. Realmente extraño si me preguntan, dicen que fue amor a primera vista. Pero Sue y Seth la apoyaron en su decisión.
El abuelo Charlie no se dio cuenta, pero yo percibí en mis padres algo extraño sostuvieron, sus miradas como si entendieran de qué hablaba el abuelo. No había dudas que algo comprendían acerca de la misteriosa relación de la hija de Sue con su enamorado.
—Termina el desayuno, hija —apuntó papá al notar mi atención en él y mamá.
—¿Y los demás? —cuestiono mamá.
—Todos están bien, nada nuevo.
—Ah… ok.
—¿Hija si quieres saber de Jacob porque no lo dices? —expresó el abuelo Charlie.
Papá se envaro y mi madre solo se mordió el labio mientras suspiraba apesadumbrada.
No fue difícil notar melancolía y tristeza en los dorados ojos de mi madre.
—¿Quién es Jacob? —pregunté.
—Es un viejo amigo de tu madre —musitó papá.
—Yo diría un viejo enamorado de mi cuñadita —aclaró tío Emmett, quien miró mi cereal e hizo una mueca de asco.
—Emmett —bufó papá.
—¿Qué? ¡Oh, vamos, Edward! No me vas a decir que estas celoso, después de todo Bella te escogió a ti. Y tuvieron a este hermoso retoño —dijo sacudiendo mi cabello.
—¿Y qué paso, mamá?, Tu amigo, ¿se enojó porque lo rechazaste?
Mi madre no dijo nada, pero sus emociones se traslucían a la perfección en su bello rostro.
—Ves lo que provocas, Emmett con tus comentarios.
—Emmett no dijo nada malo —sonrió mamá apretando la mano de mi padre. Entrelazaron sus dedos y él la besó en los labios rápidamente. Mi abuelo carraspeo.
—Entonces, mamá, ¿mi pregunta te molesto?
—No, cariño. Te voy a responder, lo que paso no fue eso, Jacob y yo fuimos muy buenos amigos, pero tomamos caminos diferentes, eso es todo. Él fue muy bueno con nosotros y guardo un bonito recuerdo de nuestra amistad.
Después sonrió de nuevo y mi abuelo siguió hablando sobre su amigo, aunque menciono que no sabía mucho, porque no frecuentaba La Push y lo poco que sabía de él se lo comentaba Seth, el hijo de Sue.
Tío Emmett, tomo su lugar en la sala y comenzó una partida de futbol con tío Jasper. Mis abuelos Carlisle y Charlie iniciaron una plática y yo ayude a mi abuela Esme con los platos sucios. Mamá y papá, siguieron en su burbuja como siempre.
Dos horas más tarde,  nos acompañaron al aeropuerto al abuelo Charlie y a mí.
Me despedí de todos con besos y abrazos, esa fue la parte más dura y difícil. Mamá me envolvió en sus brazos y papá nos abarco a ambas dentro de los suyos. Casi no podía respirar, pero tampoco me queje. Me recordaron que fuera muy prudente y obedeciera al abuelo, además de llamar todos los días por teléfono y que no hiciera caso de los consejos de tío Emmett. Me reí con esto último.
Subí al avión muy entusiasmada, por fin conocería el pueblo donde nació mi madre y del que tanto había escuchado.
En unas horas estaría en Forks.